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Amantes Redimidos (+18)

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1 Amantes Redimidos (+18) el Lun Abr 25, 2011 1:28 pm

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
Bueno, primero, antes de postear el fic tal cual fue publicado, tengo que aclarar que no es mio; fue escrito por VaneCaos...

Escribe tan bien que decidí postearlo para que lo leyeran.... Espero que les guste.

“Fundido en negro”, primer capítulo de “Amantes redimidos”, un fic V/Butch de La Hermandad de la Daga Negra



¡Hola! Por fin tengo el (laaargo) primer capítulo del fic centrado en Vishous y Butch, de la (fantástica) saga de romance paranormal “La Hermandad de la Daga Negra” (Black Dagger Brotherhood). En los libros, aunque siempre existió algún sentimiento más allá de la simple amistad o hermandad entre ellos (sobre todo por parte de V), las cosas no fueron a mayores y ambos encontraron a sus shellans.


¿Alguien más pensó que tendrían que haber acabado juntos o sólo yo? Por si hay alguien más, me he decidido a escribir un fic centrado en ellos dos. En las novelas, la historia de la pareja protagonista de turno siempre aparece salteada con otras sub-tramas. Mi única aspiración con este fic es “cortar” todas esas sub-tramas y centrarnos en V y Butch, más que nada para desahogar la frustración por un final que no era el que me habría gustado.

La acción se situaría justo un mes después de que Butch haya sido iniciado en la Hermandad, con el “pequeño” cambio de su situación con Marissa. En cuanto a V, ¿recordáis el estado mental en que se encontraba a principios de “Lover unbound”, al borde del colapso nervioso y emocionalmente trastocado? Así es cómo los vamos a encontrar al principio de esta historia, aunque las pesadillas de V serán… diferentes a las del libro. Tened en cuenta que este primer capítulo es de presentación, ¿OK?;

Rating/clasificación: esto es (o es muy probable que acabe siendo en próximos capítulos), un fic slash, yaoi, M/M, con lenguaje y escenas sexuales explícitas, así que al menos es un “M” (adultos) o, mejor, un “MA” (adultos maduros). Si sois menores, o si no os gustan este tipo de cosas, ¡simplemente no lo leáis! Si os decidís a leerlo, ¡por favor, decidme qué pensáis!

Descarga: mierda, no, los Hermanos y su mundo no son míos, sino de JR Ward. Esto es sólo por diversión y con cariño hacia su obra.


Títulos: sé que V escucha rap, pero la mayor parte de las escenas me vinieron a la mente con el “Black” de Metallica, así que los títulos de los capítulos son canciones de este enorme grupo.

CAPÍTULO 1. “FUNDIDO EN NEGRO”


La vida se había vuelto asquerosamente parecida a lo que ocurría cuando catabas por una vez whisky de malta envejecido 12 años y luego te veías obligado a volver al de supermercado. Un solo sorbo de whisky de verdad bastaba para que el vaso pareciera lleno, te bajaba fuerte y dulce a la vez por la garganta, dejando un rastro de calor, y seguías conservando su sabor profundo en el paladar mucho después de haberlo consumido. En cambio, con el puto whisky barato daba igual que llenaras el vaso hasta rebosar, siempre parecía más mierda pero no más buena, te bajaba hasta el estómago abrasándote la maldita garganta y detrás solo dejaba vacío.

Qué bonita analogía de lo que había vivido con Marissa.

Butch O’Neal acabó de un trago el líquido amarillento que le quedaba en el vaso y luego jugueteó con el borde. Ella había sido su Gran Reserva y ahora tenía que conformarse con garrafón. O, lo que era lo mismo, con interminables días vacíos. Oh, sí, tenía a la Hermandad, que era lo más cerca que había estado nunca de una familia de verdad y lo que le estaba salvando del más negro pozo de desesperación. Pero, que Dios le perdonara, aquello era como una vela comparada con el sol. Lo cual, teniendo en cuenta que ahora él era un vampiro, no dejaba de ser una comparación jodidamente divertida.

Y, si realmente quería revolcarse en mierda de años, sólo tenía que pensar en mañana por la noche. Momento en que, siguiendo su propia tradición, buscaría algún local de tatuajes para añadir otra raya a su macabra colección: 26 años sin Janie. Aquella nueva marca en la espalda sellaría su fracaso personal. Las luces de los láser de la discoteca se difuminaron y mezclaron, formando un arcoíris borroso.

Estás borracho. Objetivo cumplido.

Ahora, si sólo pudiera derrumbarse inconsciente en algún sitio sin que nadie le molestara para poder pasar unas cuantas horas, sólo unas cuantas jodidas horas, sin pensar en ella, la noche sería un éxito. Alguien alargó la mano sobre su hombro para alcanzar la consumición que le tendía el camarero y Butch se apartó justo a tiempo para evitar que las salpicaduras le arruinaran el traje Armani. Lo cual demostraba que aún tenía reflejos y que no estaba borracho del todo. Y eso tenía que solucionarlo.

-Eh, amigo.- sacó un billete de la cartera de piel y lo meneó ante el camarero, elevando la voz sobre el machaqueo de la música disco. Thumba Thumba Thumba-. Lléname el vaso.

El marica del camarero con su camisa de seda brillante y sus pendientes en las orejas le dedicó una mirada compasiva-despreciativa mientras mascaba chicle, pero volvió a abrir la botella y vertió Lagavoulin hasta la mitad. Butch meneó otro billete ante sus narices como una zanahoria y consiguió un lleno ¡Yupi! Tras dar un largo trago, apoyó la espalda contra la barra y se giró a contemplar la pista con el vaso en la mano, notando cómo el acohol empezaba a convertirle el estómago y el cerebro en un colador. Joder, cómo le costaba emborracharse desde que tenía colmillos.

La música disco atronaba el local sin piedad, mientras los láser barrían una pista saturada de niñatos con ropa que costaba casi tanto como la suya y ratitas teñidas de rubio con minivestidos. Definitivamente, aquello no era Screamer’s, ni ZeroSum. Allí nadie le conocía, ninguna jefa de seguridad metomentodo vendría a decirle que le patearía el culo si bebía demasiado ni a su puto jefe se le ocurriría regalarle un polvo de alquiler y, lo que era más importante, ninguno de sus hermanos vendría a rescatarle. Especialmente, uno de ellos. Así que podía ahogarse en alcohol y en su propia miseria a gusto, muchas gracias. A fin de cuentas, era su noche libre.

Mientras apuraba la mitad del vaso y las luces de discoteca reproducían sus giros enloquecidos en su cerebro, Butch era consciente de que se estaba revolcando en mierda autocompasiva. Pero, qué cojones, era un macho vinculado a quien su hembra le había dado una patada en el culo hacía sólo un mes. Vale, bien, sí. Marissa no habría pretendido que sonara tan bestia por su parte, en realidad todo había sido una de aquellas desgraciadas historias donde el amor no lo supera todo. Ella no había podido aceptar que la vida de Butch a partir de ahora sería jugarse el pellejo en las calles todas las noches y volver a la Guarida bien relleno de maldad restrictora… si es que volvía. Y él no había podido aceptar que, para estar con ella, debía recluirse en el Refugio que había puesto en marcha rellenando papeles.

No la culpaba. Después de haber desperdiciado la mitad de su vida como supuesta e intocada shellan de Wrath, un macho que no le había dedicado ni una mirada y que jamás estaba cuando ella lo había necesitado, Marissa había decidido que quería algo diferente. Un macho que no sintiera la guerra en las venas, alguien que estuviera a su lado en todo momento, que no la hiciera sufrir cada noche ¿Podía él renunciar al nuevo ser que era, a la nueva identidad que le hacía sentir que al fin tenía un propósito para haber venido al mundo? Podría haberlo intentado, claro, pero los dos sabían que no habría funcionado. Butch siempre había sido un guerrero.

Para estar juntos, alguno tendría que renunciar a sus aspiraciones. Así que la bonita historia de “La Bella y la Bestia” se había acabado la misma noche en que había sido aceptado en la Hermandad. Había salido de la Tumba con el corazón ocupándole todo el pecho para encontrarse con la mirada apenada de Marissa. Luego, ella se había dado la vuelta y se había ido.

The End.

Inclinó la cabeza hacia atrás y apuró el vaso de un trago. Cuando volvió a bajarla, todo le dio vueltas. Quizás… Quizás podría intentarlo. Cuando era detective de homicidios había llegado un punto en que había tragado tanta mierda que sólo soñaba con retirarse a una casita con jardín y ver pasar las nubes. Más o menos. Luego la Hermandad había entrado en su vida y sus perspectivas habían dado un giro de 360 grados. De repente, le apetecía lanzarse a la piscina de la vida otra vez, con un motivo nuevo y una familia nueva. Pero, desde el principio, Marissa había formado parte de aquel mundo resplandeciente. Él se había embarcado en su nueva existencia sin un Plan B, tirándose a fondo, e incluso se había vinculado con ella.

Motivo por el cual ahora sentía como si le hubieran quitado el corazón del pecho y lo hubieran sustituido por un saco de paja seca. Gracias a Dios que su ceremonia de emparejamiento no se había llevado a cabo, sellando el vínculo para siempre, sino ahora estaría en paradero desconocido, como Tohr, o tirado en las vías esperando que le pasara un tren por encima y acabara con su sufrimiento. Muy bien, ¿dónde le dejaba todo aquello? Siguiendo con el pensamiento anterior, en vía muerta.

Un grupo de yuppies engominados con sus novias-muñecas-de-botox se acercó riendo a la barra, intentando encontrar espacio para poder apoyarse y pedir. El enorme corpachón de Butch estaba justo en medio. El poli los contempló de reojo, con una visión que empezaba a parecer la de un cristal empañado, y estuvo a punto de apartarse como un perfecto caballero cuando uno de los tipos, vestido con cazadora de piel negra y ropa sport de D&G lo miró por encima del hombro.

-Eh, tío.- el yuppie se frotó rápidamente la nariz, inhalando- ¿Qué tal si sacas tu culo de borracho de la barra y nos dejas pedir, amigo?

La rubia con labios de goma que tenía al lado soltó una risita y miró a Butch de arriba a abajo como si contemplara a un despojo humano caído en desgracia. Lo cual tuvo la maravillosa virtud de hacer que su agresividad pusiera directamente la quinta marcha sin pasar por la primera. Entrecerró los ojos y se repantingó, apoyando los antebrazos en la barra, hacia atrás, lo cual hizo que la americana del traje se abriera y la camisa destacara sus pectorales.

-Eh, tío.- señaló con la barbilla al tipo que le había hablado. A su favor había que decir que la voz no le sonó del todo pastosa- ¿Qué tal si sacas tu culo de esnifador de cristal de aquí y te largas a pedir a otro sitio… amigo? Y, de paso, llévate a tu coñito de aquí, antes de que le exploten los implantes.

Vale, se había pasado, lo admitía. El yuppie pareció pensar lo mismo porque se giró completamente hacia él, dedicándole la mirada del tigre. Butch se limitó a contemplarlo de hito en hito. Aquello sí que sería un fin de noche de puta madre: patear unos cuantos culos de cretinos. Los amigos del ejecutivo mascullaron lindezas por lo bajo y empujaron a su colega hacia Butch, instándole a poner las cosas en su sitio. La pena es que el tipo debía tener más cerebro del que Butch había creído, porque repasó sus casi dos metros de estatura, los músculos bajo el traje, la mirada vacía y pareció decidir que, borracho o no, él no estaba a la altura. Se inclinó hacia Butch, con los ojos inyectados en sangre y la nariz enrojecida.

-Vigila tu espalda… amigo.- siseó.

-Siempre lo hago.

El tío se ajustó la cazadora con dignidad ofendida, ignorando las quejas dramáticas de sus colegas y el mohín de su chati, y el grupo se alejó hacia la otra barra de la sala. Butch quitó los brazos del mármol y se giró para apoyarse de cara al camarero. Las luces de la discoteca se combinaron de golpe para crear un cuadro impresionista en su cerebro y agradeció estar apoyado. Mierda, conducir el Escalade de vuelta a la mansión iba a ser toda un experiencia. Estaba seguro de que Vishous le reñiría como una madre cabreada en cuanto le viera aparecer en el patio haciendo eses.

El pensamiento le arrancó una sonrisa torcida. V debía estar rondando por la Guarida jurando en arameo después de ver la nota que le había dejado encima del teclado de sus ordenadores.

El poli se enderezó y manoteó para abrocharse la americana, abotonando el primer botón con el segundo ojal, y dio traspiés hasta el guardarropa para recuperar su abrigo de lana. Le dio la impresión de ser una pelota de bolera, golpeando gente constantemente. Yup, sí, conducir iba a ser una experiencia mística. Siempre podía ser que se empotrara contra una farola, acabara en el hospital de Havers y Marissa volviera a aparecer en su habitación. Ah, no, espera: Havers probablemente le dejaría morir desangrado en la puerta de Urgencias antes de atenderle. Genial.

Bien, podía conducir solo. Podía hacerlo todo solo. Tal como le había dejado escrito a V, no necesitaba una niñera. Mientras salía de la discoteca parpadeando para aclararse la vista, sin ver que el grupo de pijos y sus amigos cruzaban la pista en su dirección, Butch no pensó que, a veces, rechazar a tu hermano equivale a una petición de socorro.

OOO

-Eh, V, ¿vas a hacer pesas conmigo o te vas a pasar la noche retocándote la gorra?

Vishous casi levitó del banco del gimnasio al oír la voz burlona de Rhage y tuvo que hacer esfuerzos para no hacer precisamente lo que el muy idiota le acababa de decir: retocarse la gorra roja para asegurarse de que no podía calársela más. Contempló las pesas de reojo y frunció el ceño. Nop, la verdad es que no estaba de humor para machacarse más en el gimnasio. Encogió las piernas y las cruzó como los indios sobre el banco para luego tamborilear con los dedos sobre ellas.

-Suéltalo.- el rubio lo miró de reojo, tumbado en su banco.

-Es el poli.

-¿Qué le pasa?- Hollywood impulsó las pesas hacia arriba sin esfuerzo y las colocó en el soporte, incorporándose. Alcanzó una botella de agua del suelo- Quiero decir, aparte de que su casi shellan le dejó tirado.- levantó la botella y bebió a grandes tragos-. Creo que, teniendo eso en cuenta, lo está llevando bastante bien, al menos no ha desaparecido como… bueno… –tapó la botella y la hizo girar entre las palmas, consciente de que su enorme bocaza había vuelto a hacer una aparición estelar.

-Como Tohr.- acabó V por él, con una mirada glacial de “trágate la lengua” por debajo de la visera-. La shellan de Tohr murió. La de Butch sólo escogió un camino diferente.-gracias a los cielos seguía viva, sino el poli estaría ya a dos metros bajo tierra.

-Bueno, tú eres su mejor amigo ¿Cómo está?- Rhage se retiró el pelo sudado de la frente.

Buena pregunta. Puede que ambos fueran compañeros de habitación y V no dudaba de que seguían siendo amigos, pero era como si Butch pululara por una dimensión aparte. Coincidían en el espacio que pisaban, pero el alma del poli estaba atrapada en una especie de zona crepuscular. Cuando tenía que limpiarlo de la mierda de los restrictores, V se limitaba a sentarse al lado de Butch y a dejar que su mano flotara sobre la cicatriz, con el poli girando la cara hacia otro lado. Ni siquiera hablaban. Sí, intercambiaban palabras sobre la caza y lo necesario para su convivencia en la Guarida pero, ¿hablar? ¿Como solían hacerlo ellos, tirándose a la cara un puñado de palabras como pedradas? No desde hacía un mes. Desde que Marissa no había estado allí para recibirle a su salida dela Tumba tras su ingreso en la Hermandad. Desde que V le había abrazado piel a piel y le había mordido y…

Inspiró, llenando la camiseta sin mangas.

-Supongo que “al margen” sería una buena definición.- masculló. Y duele como el infierno.- Esta noche ha salido. Me ha dejado una nota diciéndome que no vaya a hacer de niñera.

Las dos cejas rubias de Rhage salieron disparadas hacia arriba. Luego el Hermano se tumbó de nuevo en el banco y volvió a echar mano a las pesas.

-No soy psicólogo, pero ¿no crees que Butch puede estar pidiendo ayuda?- los enormes brazos de Rhage parecieron bombear-. Quiero decir…-jadeó un rato mientras contaba una serie de cinco-… como cuando éramos pretrans, saltábamos por cualquier cosa y enviábamos a nuestros padres a la mierda justamente porque… -cinco levantamientos más-… necesitábamos… que nos echaran… una manita… pero el orgullo… nos cerraba el pico… -colocó las pesas en el apoyo de golpe- Vale, creo que ya me he desfogado un poco. Ahora podré… darme una ducha… y buscar a mi Mary.

Vishous permaneció sentado en su banco con el ceño fruncido bajo la gorra roja mientras Hollywood se levantaba, le palmeaba el hombro y caminaba hacia la ducha. Como si él supiera cómo se comportaba un adolescente normal con sus padres. Levantó la cabeza hacia el reloj: las cuatro de la mañana. En dos horas saldría el sol. Maldito poli, ¿qué coño andas haciendo? Metió la mano en el bosillo de los pantalones de deporte y volvió a sacar la nota que había garabateado su compañero: “noche libre. Voy a dar una vuelta. No hagas de niñera”.

Blub, blub, blub. El cabreo volvió a hacer burbujear su sangre. Niñera ¿Era hacer de niñera intentar que tu amigo, quien estaba en estado de shock después de haber cortado con su compañera, no saliera sólo por ahí en una ciudad llena de restrictores? ¿Era eso hacer de niñera o de jodido mejor amigo?

Su recién adquirido tic nervioso en el ojo derecho volvió a iniciar la rutina de “Señales” y V se apretó las palmas contra la cara con fuerza. Estaba de los nervios, eso era lo que pasaba. Hacía una semana que prácticamente no dormía y se sentía como náufrago a la deriva sin sus visiones. Menuda mierda, media vida rogando poder librarse de ellas, poder dormir tranquilo sin que lo abdujera alguna película de terror diurno y, ahora que lo había conseguido, no sabía qué hacer.

Se levantó, rogando por no tambalearse, y se caló la gorra de los Red Sox que se había acostumbrado a llevar para camuflar aquel estúpido tembleque. Bien, sí, técnicamente seguía teniendo parte de una visión. Sólo que se negaba a verla entera. Cada vez que iba a caer dormido empezaba aquella sensación. La de estar vaciándose de poder, de luz, de todo lo que tenía. Consumiéndose como una vela hasta notar ceniza en las venas en vez de sangre y, aun así, con todo lo malo y agónico de eso, no era nada, nada, comparado con lo que, en algún nivel subconsciente, temía que vería si no cortaba la visión antes de que empezara realmente. Lo que intuía que vería si abría sus compuertas cerebrales a aquel sueño le daba pánico. Lo cual era jodido de narices porque, V tenía fama, además de rarito, de ser el único de la Hermandad que parecía haber nacido sin la parte del cerebro que desarrollaba el miedo.

Una sensación en la parte más oscura de su consciencia, una especie de premonición, le erizó el vello de la nuca. Maldijo por lo bajo y se frotó el pelo hasta ponérselo de punta. A la mierda. No parecía haber nada que pudiera hacer para quitarse de encima aquel estado pre apocalíptico, pero sí podía hacer algo para desfogar su otro dolor de cabeza. Resolvió que no había nada de malo en volver a la Guarida y echar un ojo a los monitores para ver dónde estaba el Escalade. Por si a Butch se le había ocurrido aparcar cerca del río, atarse una piedra al cuello y… Corta. el. rollo.

-¡Rhage, me vuelvo a la Guarida!- V asomó la cabeza por la puerta de las duchas, gritando como una verdulera para hacerse oír.

-¡VALEEEEEEEEEE!

Hablando de verduleras.

En cuanto se abrió la puerta corredera de la Guarida, los ojos transparentes recorrieron el salón y su olfato se agudizó, intentando captar el olor de su compañero. Nop, el cabrón todavía estaba ahí fuera. V decidió darse una ducha rápida mientras el ojo derecho volvía a parpadearle. Le había dicho mil veces a Wrath que lo mejor para Butch era salir de caza todas las noches, mantenerse ocupado. Pero no, su rey estaba convencido de que todo guerrero necesitaba un descanso y había insistido en que tanto Butch como él tenían que tener una noche libre cada tantos días, como todos.

Como si el poli o él necesitaran toda una noche en blanco para rebozarse en su mierda. Todos los guerreros llevaban mal la inactividad o las noches de patrulla sin ponerle las manos encima a nadie, como le había pasado a Rhage. Pero para ellos dos era vital no tener que estar a solas con sus pensamientos. Butch porque aún se hundiría más en su miseria despechada y él porque sus nervios parecían enrollarse formando nudos marineros.

Salió de la ducha con una muda limpia de pantalones de cuero y camiseta, vestido inconscientemente para salir, en vez de con el chándal negro que solía usar cuando estaba en la mansión. Mientras se frotaba el pelo con la toalla con una mano, conectó con el GPS del Escalade. Sólo por comprobar. Podía haber usado la sangre que le había dado a Butch para encontrarle pero aquello le pareció peligrosamente íntimo. No necesitaba que nada más le recordara lo unido que estaba al poli.

Ahí estaba. Un puntito rojo parpadeó sobre el callejero de Caldwell y V se dejó caer la toalla sobre los hombros, estrechando los ojos. La zona pija de la ciudad. Butch había huido deliberadamente de Screamer’s, ZeroSum y los garitos habituales que frecuentaba la Hermandad y se había ido a emborrachar a algún bar pijo de la zona de negocios. Solo. Vishous cogió el encendedor de oro de la mesa y jugueteó con la tapa. Clic-clac ¿Debía ir a buscarle? Butch había dejado claro que no necesitaba niñera pero, ¿y si se encontraba con restrictores? Clic-clac. El poli no podía desmaterializarse, si se topaba con aquellos cabrones desteñidos, por mucho que fuera en una proporción de 50 a 1, sólo tenía la opción de luchar y, probablemente, de morir. Clic-clac. A lo mejor eso era precisamente lo que Butch andaba buscando.

Hijo de perra. V no quería ir a buscarle, realmente no quería. Su amistad, o aquella cosa indefinida y pegajosa que les unía a ambos, era tan especial, en parte, porque los dos respetaban los límites. E ir en su busca supondría quebrantar un límite que Butch había puesto por escrito. Por otra parte… Clic. El poli no tenía por qué verle, ¿no?

Clac. Vishous recogió el arnés con las dagas negras, se lo ciñó al pecho, ajustó su arma, se puso la chaqueta de cuero, embutiendo el encendedor, la cartera, una pitillera y completó el conjunto con la gorra roja y unas gafas de sol. La mayoría de los humanos que veían sus ojos pensaban que había salido de “El ejército de las tinieblas”.

Segundos más tarde, sus botas pesadas aterrizaron en un callejón a oscuras de la zona alta de Caldwell. Con la música disco brotando a borbotones cada vez que alguien abría la puerta de alguna discoteca cercana, echó a andar fuera del callejón, hacia una de las calles iluminadas con neón. Varios grupos de humanos se lo quedaron mirando por encima del hombro y V torcio el gesto bajo la perilla. Supuso que su presencia en aquella zona era como si Rambo hubiera entrado en “Sexo en Nueva York”. Que os jodan.

Escudriñó la calle, con los bares de copas a reventar y las reuniones a las puertas de las discotecas, sabiendo por instinto que Butch no podía andar lejos. Su visión periférica detectó a su colega saliendo de una discoteca. A juzgar por el temblequeo de bailarina borracha, Butch iba hasta arriba de Lags. Justo tras él, un grupo de humanos engominados en apretada formación cuadraron los hombros y se le pegaron a los talones. Lo segundo más que verlo lo sintió: alguien le vigilaba, y ese alguien no era amigo.

Genial, tenemos la fiesta completa.

Vishous masculló un juramento en la Lengua Antigua y apretó el paso, apartando con los hombros a los grupos de humanos charlando en la acera. Su alarma mental silenciosa empezó a pulsar y supo, sin girarse, que tenía a más de un restrictor en cola. Mientras se mantuvieran en calles iluminadas no habría problema, pero si Butch se metía en algún callejón y había pelea con los humanos, luego los restrictores se le echarían encima como buitres sobre carnaza. Si el poli aún no había localizado a aquellos hijos de perra quería decir que su mente flotaba entre nubes de alcohol. Así que tenía que sacarlo de allí cagando leches. La madre que te parió, Butch.

La figura del poli desapareció tras una esquina, con su grupito de fans detrás, y V echó a trotar. Justo cuando estaba a punto de doblar la misma esquina, las puertas de una discoteca se abrieron de par en par y un grupo de humanos se precipitó al exterior, riendo, saltando y colapsando la acera. V rugió, bajó la cabeza y embistió al grupo como si estuviera abriendo las aguas del océano.

-¡Eh, colega! ¿Qué coño te pasa? ¡Somos gente, no bolos! ¿Lo pillas?

Vishous no se molestó en contestarles, sólo aprovechó para mirar por encima del hombro. Tres destellos de pelo blanco entre la multitud. Mierda para él ¿Y qué cojones hacían los restrictores en aquella parte de la ciudad? Allí casi no había vampiros. Sólo algunos miembros de la glimera, los que más pasta tenían ¿Los restrictores le buscaban a ellos o a tipos de su ralea para engrosar sus filas de muertos vivientes?

Su oído captó ruidos sordos en la esquina y V cortó en seco el rumbo de sus pensamientos, echando a correr como si las botas tuvieran alas. Por Dios que si al poli no le habían roto aún las costillas se las iba a romper él. Una a una. Desembocó en un callejón justo a tiempo de ver cómo Butch se revolvía convirtiendo la mandíbula de un humano en un puzzle pero sin poder evitar que otro tipo le estrellara el puño en los riñones por la espalda. El Escalade estaba aparcado a pocos metros de él. Muy bien, llegó el momento de la niñera. V no supo si corrió o si se desmaterializó. Lo que sí sintió con placer morboso fue cómo retorció el brazo de aquel aprendiz de Rocky Balboa hasta oír un precioso “crac”. Esperaba que los humanos tuvieran buenos fisioterapeutas, o aquel individuo se haría pajas con el brazo izquierdo el resto de su vida.

Tal como esperaba, la visión de uno de los suyos gritando como una niña en el suelo fue suficiente para que el grupo de yuppies se distrajera. Momento que Butch, borracho como estaba, aprovechó para cargar como un toro hacia delante, con la cabeza baja, estrellando a otro humano contra una pared.

-¡Poli! Deja de jugar con muñecas y sube al Escalade de una puta vez.- V cogió a otro ejecutivo rayado a coca por la nuca y le estrelló la cara contra la pared, manteniéndolo allí mientras el otro gallito que quedaba del grupo decidía que su amistad no llegaba hasta aquel extremo y salía por piernas, resbalando sobre el asfalto.

Butch no pareció oírle. Echó el puño derecho atrás, a punto de estrellarlo contra el humano que tenía acorralado, cuando se quedó inmóvil, como si hubieran aparecido dos dianas en sus ojos. Mierda divina. V pateó la parte de atrás de las rodillas de su humano, dejando que resbalara al suelo entre gritos, y se precipitó sobre la espalda del poli, cruzando los brazos sobre su pecho como si fueran cadenas.

-Vamos al coche ¡He dicho vamos al coche!

Butch se giró de perfil, gruñó y V pudo ver sus colmillos extendidos.

-¡Restrictores! ¡No pienso largarme!

Pillando a Vishous completamente por sorpresa, echó la cabeza hacia atrás con todas sus fuerzas, golpeando al hermano en la nariz ¡PAM! El mundo estalló en lucecitas de colores para V el tiempo suficiente para hacer que aflojara su presa y Butch se girara hacia el principio de callejón.

Hasta aquí hemos llegado. V apretó las mandíbulas, puso las manazas en los hombros del poli, le hizo girar como una peonza y le estrelló el enorme puño en la cara. Sin medir sus fuerzas. Castigando a Butch por la estupidez que acababa de hacer, por exponer su pellejo de aquellas formas, por arriesgarse a que le mataran y dejarle solo, por haberle ignorado durante cuatro semanas, por…

El poli parpadeó y se tambaleó, con un hilillo de sangre resbalándole por la nariz. Los ojos avellana, teñidos de rojo borrachera, parecieron enfocar por un momento, como si realmente viera a V después de todo aquel tiempo.

-Oh, mierda… -masculló con voz pastosa.

Cuando estuvo a punto de irse al suelo, V le rodeó con los brazos, sosteniendo el enorme peso. Ojeó a su alrededor hasta localizar el Escalade a tres metros de ellos, apretó las mandíbulas y forzó a sus músculos a correr con aquel oso Grizzle derrumbado encima. Apoyó a Butch en la puerta del jeep, hurgó en los bolsillos de sus pantalones hasta dar con el mando y musitó una plegaria cuando los intermitentes les saludaron con un “pip pip”. El aire helado de diciembre sopló por el callejón y el estómago de V sufrió una arcada. Talco. El aire olía a talco. Tenían que salir de allí ya. Abrió la puerta del conductor y empujó a Butch dentro sin ninguna ceremonia. Al cerrarla, vio a los tres restrictores al principio del callejón, preparándose para echar a correr hacia ellos.

V se desmaterializó directamente al asiento del conductor, echó el cierre centralizado de las puertas y forcejeó con la llave en el contacto, maldiciendo a su compañero también por hacerle huir de aquellos malnacidos en vez de estar los dos pateando culos a fuera. En aquel momento, un grupo de humanos apareció en el callejón, uno de ellos haciéndole señas a los restrictores con un cigarrillo en una mano, pidiendo fuego.

Vishous exhaló mientras encendía el contacto, ponía la primera y las ruedas del Escalade derrapaban sobre el asfalto, echando humo. Sólo había una regla que siguieran tanto los restrictores como ellos en aquella bendita guerra: ningún testigo humano.

¿Quién decía que el tabaco no era un buen vicio?



Chicas, si desean seguir leyendo más del fic, diganme y continuo publicandolo.

Besotes.

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2 Re: Amantes Redimidos (+18) el Mar Abr 26, 2011 9:12 pm

Alexandrine


MODERADORAS
MODERADORAS
Wow... Está genial... lol! Yo quiero más, quiero más... Pon más cuando haya Debbie... genia...



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3 Re: Amantes Redimidos (+18) el Miér Abr 27, 2011 2:18 am

amatista


HUMANO
HUMANO
ya esta listo y terminado creo que lo tiene una chica llamada vane caos yo lo lei y esta muyyyyyyyyyyyyyyyyyy bueno ella plantea la relacion de V y Bucht de una manera muy parecida a como lo haria la WARD Very Happy

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4 Re: Amantes Redimidos (+18) el Miér Abr 27, 2011 5:40 am

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
Alex, te dejo la continuación del fic...
Amatista, te cuento que soy una fan de VaneCaos... Adoro sus escritos, y por eso posteo su fic... Así, después de este posteo Torniquete y Amantes Liberados....



V gruñó mientras aguantaba el peso muerto de Butch con el brazo izquierdo y tecleaba los códigos para abrir las puertas de seguridad de la Guarida con la derecha. Siguió gruñendo cuando lo arrastró por el vestíbulo, esquivando bolsas de gimnasio.

-Pesas como el jodido plomo.- masculló entre dientes, pensando que, para cuando llegara a su habitación y consiguiera tumbar al
gigante en la cama, le temblaría hasta el dedo meñique. Butch era tan enorme como él y la borrachera le dejaba el cuerpo flojo.


-So…fá.-murmuró Butch, desplomado encima de V con los ojos cerrados.

Oh, Dios, era como si un nido de serpientes estuviera haciendo carreras por sus tripas. El whisky había convertido su estómago en una especie de pantano y los puñetazos y el meneo lo habían transformado en una turbina nauseabunda. Si Vishous le obligaba a seguir en pie hasta alcanzar su habitación, le echaría encima hasta la primera papilla.

-Oído cocina.

V reunió las fuerzas necesarias para acercar a Butch a uno de los sofás de cuero negro y dejar que el poli se desplomara en una esquina. Hablando de desplomarse… Se quitó la chaqueta de cuero, dejándola caer en el suelo, y luego desabrochó las bandas de las dagas que le ceñían el pecho, que se fueron a reunir con la prenda con un sonido amortiguado. Luego dejó caer su enorme cuerpo justo al lado del de su compañero de habitación. Después de tres respiraciones para llevar oxígeno a los pulmones, se giró para examinar a Butch con ojo crítico.

Joder, parecía “La cosa del pantano”. Su rostro duro tenía el color de la leche cuajada, junto con unas ojeras negras que provocarían la envidia del Conde Drácula. El irlandés se había quedado muy quieto tal como había caído: en una esquina, con los brazos desplomados, las piernas abiertas y la cabeza apoyada contra el respaldo del sofá, respirando muy poco a poco. La viva imagen del “estoy hecho una mierda”. V se retiró el pelo de la cara, sintiendo que su irritación se desvanecía. No quería decir que mañana no le partiera la cara por haberle dado una jodida taquicardia, pero ahora mismo Butch parecía una de aquellas bombas de las pelis de acción, que detonan con el más mínimo movimiento. Sólo que, en vez de armas biológicas, lo que saldría de su boca sería la trallada de su vida.

A pesar de todo, los labios de su amigo se abrieron para emitir un murmullo.

-Duele… Casi… me partes la cara.- Butch inspiró y V oyó el gorgoteo de la sangre en su nariz-. Me lo… merecía… por imbécil.

-Puedes apostarlo.- el hermano apoyó los antebrazos en los muslos y contempló a su compañero de reojo.

Una risa seca, sin humor, sacudió el cuerpo de Butch, que siguió mascullando con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás.

-Creo… que puedo perdonarte… que hayas hecho de niñera.- torció la boca-. Te lo compensaré la próxima pelea… tragándome un montón de esos… hijos de perra.

Algo se reunió en la parte de la mente de V donde solía encerrar sus pesadillas, algo como una visión borrosa que le revolvió el estómago como si también él se hubiera ahogado en alcohol. Le hizo desear sacudir a Butch como un saco de arena y abrazarlo al mismo tiempo. En su lugar, alargó la mano hacia la chaqueta de cuero y hurgó hasta encontrar el mechero y la pitillera.

-Ni se te ocurra hacerte el valiente, poli. Ya cuesta bastante limpiarte cada vez que te tragas a dos.

Butch hizo un “tsk” con la lengua y se llevó una mano a la cara, frotándosela.

-No he sido una compañía muy… animada últimamente, ¿no?- se pasó la lengua por los labios. Es lo que tenía el whisky, te los dejaba como el cuero seco.

-Al menos sigues aquí.- en el momento en que aquello salió de su boca, V sintió tentaciones de hacerse un nudo en la lengua ¿Qué coño le pasaba últimamente?

El poli abrió los ojos como si los párpados le pesaran toneladas. Tenía los iris vidriosos.

-Prometí cuidarte.- trató de enfocar a V-. Aquella noche en tu ático. Cuando brillabas. Prometí que me… ocuparía de ti. Y no lo he hecho. Soy un mierda protegiendo a los demás, ¿eh?- volvió a frotarse los ojos-. No lo hice como hermano, ni como poli ni como amigo… -murmuró.

V inspiró y fue a abrir la boca cuando Butch apoyó los brazos como troncos temblorosos en el sofá e hizo intentos por levantarse.

-Creo que… voy a mi hab…

El mundo tuvo que escoger aquel jodido momento para dar una vuelta sobre su eje, haciendo que todo pareciera una peli psicótica mientras las olas de alcohol golpeaban contra sus paredes estomacales.

-¡Butch!

El poli se tambaleó hacia delante con la vista en negro y sus sentidos ni siquiera registraron el cuerpo de Vishous intentando interceptarle. Los dos trastabillaron y acabaron desplomados de nuevo en el sofá, V abajo y Butch encima, con la cara contra sus pectorales. Vishous se mantuvo totalmente rígido unos segundos, con las manos en alto, mientras luchaba contra la urgencia de sacarse de encima aquel peso que lo inmovilizaba diciéndose que era Butch, por todos los demonios. Y un Butch borracho como una cuba.

-Jo-der… qué pa-patético.

Las palabras de Butch murieron en su garganta cuando una arcada le hizo doblarse y el estómago le dio una coz de mula. Acabó acurrucado completamente contra V, respirando aquel olor a tabaco turco y cuero que siempre le hacía pensar que estaba donde debía. Era como cuando entraba en la Guarida. Sabía que era su casa, en parte, porque olía a él. Butch no se dio cuenta de la tensión del hermano y aflojó completamente el cuerpo, aspirando como los peces fuera del agua.

-¿Podemos… quedarnos así… un rato?- murmuró. Sólo hasta que el estómago se le aposentara, no porque necesitara tener a V cerca.

Notó que el otro vampiro se aclaraba la garganta.

-Si me potas encima te arranco la piel a tiras.

-Trato… hecho… –cerró los ojos, dejando que el calor y el olor de su compañero entraran en su alma. Cierto, no tenía a Marissa. Tampoco a Janie. Pero…- eres como estar… en casa.

Notó que los músculos del pecho bajo su cara bombeaban aire y, al cabo de un momento, los enormes brazos de V le rodearon los hombros con torpeza. Vishous se acomodó con la cabeza sobre uno de los brazos del sofá, con la pierna derecha doblada y la otra apoyada en el suelo, para dejar espacio a Butch entre los muslos. Bonita posición, sí señor. Tenía al poli totalmente apretado contra él hasta las caderas. Levantó la mirada hacia el techo para intentar no pensar en los recuerdos que despertaba el peso que tenía sobre él y en aquella cosa que parecía clavársele justo en el centro del pecho, como una espina envenenada.

Al final, cerró los ojos y cedió a la tentación de acariciar la ancha espalda de su compañero con la mano izquierda. Sólo por darle consuelo. La derecha acabó enterrada en el suave cabello de la nuca de Butch. Sólo porque no sabía dónde más ponerla.

Sí, claro. Mentiroso de mierda.

Al cabo, el poli emitió un largo suspiro de alivio y se acurrucó más contra él, rozándole la entrepierna con su abdomen. V abrió los ojos al punto, mirando hacia el techo. Estáte quietecito, traidor hijo de puta, susurró a la cosa agazapada bajo los pantalones de cuero. Era demasiado. V había creído que no tenía emociones, pero Butch le había demostrado que no era así. Casi desde el primer momento que había entrado en su vida, había venido acompañado de dos cestas de picnic bien llenitas de emociones. Unas, aceptables, como aquella sensación de, por una vez, no estar solo en el mundo, de tener alguien capaz de darle réplica con la misma lengua viperina y de acabar las frases por él. Tal como Butch decía, era como estar en casa. Lo malo era lo que había en la otra cestita. V rebulló, intentando encontrar una posición donde Butch no rozara lo que no debía.


Cuando el poli había estado en su ático, aquella noche que había hecho el salto del ángel desde la terraza, le había dicho que le gustaba. Mucho. Y Butch no parecía haberse llevado el susto de su vida. Pero una cosa era oír una estúpida confesión justo cuando tu mejor amigo intentaba suicidarse y otra que lo aceptara. Aún cuando no estuviera muriéndose por dentro por Marissa, el poli era hetero por naturaleza, aquello no podía tener
un buen fin y lo mejor que podía hacer V era tragarse lo que sentía.


El problema era que, con Butch así, sobre él, su cuerpo decidía independizarse de su cabeza. Primero, la posición le hacía sentir jodidamente vulnerable. Luego le recordaba lo cerca que podía estar de perderle. Todos habían visto en Tohr qué pasaba cuándo un macho perdía a su compañera. Aunque este caso era distinto, Butch igualmente había perdido a quien consideraba su shellan. Vishous había creído que él no tenía capacidad emocional para entender cómo se sentiría alguien en esa situación. Pero sólo tenía que pensar en qué pasaría si perdiera al poli.

-Me estás dejando… sordo… con el latido de tu corazón.- murmuró Butch contra su pecho-. Parece un… puto martillo neumático.

V se aclaró la garganta.

-Eso es porque esta noche me has dado un susto de muerte, hijo de puta.- lo cual era cierto-. Vuelve a largarte sin avisar y te
patearé el culo lo que te queda de vida. Y, si te matan los restrictores porque yo no estoy ahí, arrasaré el Fade para poder seguir pateándote.


Una risa seca hizo que el cuerpo pesado de Butch se sacudiera encima del suyo. La vibración pareció traspasar la carne hasta el corazón de V.

-¿Sabes qué?- el poli inspiró profundamente, frotándose la cara contra el hombro de su compañero-. Me alegro de tenerte. Ya sabes… al menos soy bueno para alguien.

Aquello era un despreciable puntazo autocompasivo indigno de un macho de valía pero, hey, cuando tienes la cabeza a punto de partirse como un melón y te has derrumbado encima de tu mejor amigo, ¿a quién coño le importaba?

Butch abrió los ojos de golpe cuando la mano que sujetaba su nuca le aferró el cabello, dándole un fuerte tirón que le obligó a
alzar la cabeza del hombro de V. No tenía energías para levantar el cuerpo y apoyarse en los brazos para mirarle, así que sólo pudo levantar el cuello. Tal como estaban, se quedó con la cara a milímetros de la de su compañero, con la nariz tocando la de V ¿Qué coño…? Casi no podía enfocar la vista lo suficiente como para verlo con claridad, pero el brillo febril en los ojos de diamante sí lo vio bien claro. V le dio otro tirón del pelo y, cuando habló, la perilla rozó los labios de Butch.


-Eres bueno, estúpido cabrón sin autoestima.- siseó-. Sólo porque esa hembra no supo apreciar lo que tenía delante no quiere decir que no seas de valía.- la mano de V decidió moverse por sí sola, soltando la presa en el pelo oscuro de Butch y hundiéndose en él con algo parecido a una caricia. El poli parpadeó, exhaló y V inhaló el aliento de whisky en su propia
boca. Cuando volvió a hablar, creyó que sus labios habían rozado los de Butch a pesar de la perilla-. Eres bueno para mí, poli. Eres… bueno.


-V…

Fue un simple movimiento, un gesto instintivo de los labios de Butch para pronunciar aquella inicial, pero su boca rozó la de V y el guerrero tembló de pies a cabeza, apretado contra el poli. Como un maldito potrillo. Butch echó la cabeza más atrás, poniendo unos centímetros de distancia entre sus rostros. Por el martilleo de su cabeza, parecía que estuvieran construyendo una línea de tren en su cerebro y contempló a V sin acabar de entender nada ¿Se habían…? No es que su relación fuera convencional, y Dios sabía que habían cruzado varias líneas rojas de lo que se consideraba una amistad normal entre machos, pero…

Ambos se quedaron mirando en silencio, aspirando la respiración del otro a través de sus bocas, los cuerpos pesados apretados. Los ojos diamantinos de V brillaban como si tuviera fiebre. El cabello de cuervo, largo por delante, caía desordenado sobre su frente y tenía los labios entreabiertos.

Es hermoso…

Justo en el momento en que el pensamiento apareció en su mente, como si alguien hubiera alzado un cartelito en medio de su cerebro inundado de alcohol, Butch sintió deseos de golpearse la cabeza contra la esquina de la mesita de centro. Repetidas veces. Hermoso, hay que joderse. No era la primera vez que pensaba, objetivamente, que un hermano lo era. Habría que estar cegato como para no definir así a Hollywood o a Phury. El problema era que nada de lo que tenía que ver con V era objetivo para él.

No era la primera vez que había pensado eso de V, ya que estábamos en momento de confesiones, ¿verdad? Por primera vez en cuatro semanas, recordó aquel instante en la Tumba, durante su ceremonia de iniciación a la Hermandad. Lo que había pasado justo después, el enorme vacío de saber que
Marissa y el caminaban por senderos distintos, había tapado aquel recuerdo y todas las implicaciones, pero ahora volvió a primera página.


Con todos los machos desnudos mordiéndole y convirtiéndole el pecho en pulpa sanguinolenta, sólo uno le había formado un nudo en la garganta. El mismo sobre el que estaba tumbado. Cuando Vishous había avanzado hacia él, cauteloso como un felino y completamente desnudo, Butch había pensado que era hermoso como un dios. Y, cuando sus dos cuerpos desnudos,
calientes, se habían apretado desde la cabeza a los pies, los dos habían temblado. Qué casualidad…


Igual que V acababa de temblar ahora.


Butch parpadeó poco a poco, intentando entender algo que se escurría entre sus alcoholizados pliegues cerebrales, y se lamió los labios, preparándose para hablar. Los ojos de diamante siguieron su gesto como un depredador a su presa. El brazo musculoso que enlazaba su espalda le apretó con más fuerza y la mano en su nuca lo atrajo hacia abajo, hacia…

La puerta de seguridad interior de la Guarida se abrió con un siseo y una voz retumbó en la salita como si los dos estuvieran
encerrados dentro una campana de bronce. V y Butch respingaron al mismo tiempo, igual que si les hubieran pillado con las manos en el pote de las galletas.
Vishous intentó sentarse instintivamente, desequilibrando a Butch, y los dos dieron con sus huesos en el suelo, esquivando por pelos el borde de la mesita de centro. Más de 200 kilos de vampiro con cara de bobos en el suelo.


-¡Eh, poli! ¿Estás bien, herm…?- la enorme figura de Rhage, todavía vestido con chándal, ocupó todo el umbral de la salita. Puso las manazas en las caderas, como si acabara de encontrarse a dos extraterrestres- O sea, ¿qué coño hacíais? ¿Jugando a “Enredos” en el suelo? Y yo que he dejado a mi Mary para si ver habías vuelto…

V gruñó por lo bajo, intentando ayudar a Butch a sentarse mientras el otro hacía aspavientos con las manos, sacándoselo de encima. Los dos se miraron, luego desviaron la mirada hacia un Rhage cada vez con más cara de pasmo, volvieron a mirarse y bajaron la vista. Al segundo, Butch emitió un sonido ahogado y se llevó la mano al estómago. Rhage se acercó a zancadas.

-Butch, ¿eso es la mierda de los restrictores? Creí que…

-Está limpio. Tú te ocupas de llevarlo al baño.

Vishous se levantó de un solo movimiento brusco, dándose la vuelta, y prácticamente se desmaterializó hacia su habitación.
Hollywood le dedicó una mirada de “eres-un-puto-traidor” y se arrodilló al lado del poli, poniéndole una mano en el hombro.


-¿Estás bien, hermano? ¿Puedo hacer algo por ti?

Butch intentó apoyarse en la mesita de centro para levantarse y volvió a caer en el suelo cuando su estómago empezó a contraerse, intentando vaciarse de toda la mierda que le había metido en aquellas horas. Se dobló con una arcada.

-La-va-bo. Ya.

-¿Qué? ¡Oh, mierda…!

Lo último que oyó V antes de ajustarse unos auriculares acolchados en los oídos con rap duro a volumen suficiente como para romperse los tímpanos y destapar una botella de Grey Goose en su habitación, fueron los penosos esfuerzos del poli por vomitar en el lavabo. Qué jodido, él se sentía justo igual. A punto de reventar de cosas estúpidas que estaban corroyendo su corazón peor que todo el alcohol que Butch pudiera haberse metido aquella noche.

Lo malo es que, si algún día todo aquello salía de donde lo tenía encerrado, Butch saldría huyendo como de la peste. Y eso era
algo que el Vishous el Mega genio no sabía si podría soportar.


OOO

Cuando Butch abrió los ojos, se quedó quieto como un muerto, sin tener ni puta idea de lo que se encontraría cuando lo hiciera. La buena noticia es que ya no le dolía la cabeza y notaba el estómago más o menos bajo control. Aleluya, gloria a Dios y a sus ángeles… La mala noticia es que faltaba algo. Un olor a océano. Su mano izquierda se crispó sobre las sábanas de seda de su cama. Un mes. Un jodido mes y, aún así, en lo primero que pensaba al despertar era en ella. En su olor.

Respiró profundamente con los ojos cerrados, intentando captar alguna leve partícula de aquel aroma que pudiera quedar
suspendida en la habitación mientras parecía que alguien estuviera excavando un agujero en su pecho a mordiscos. En su lugar, un profundo olor masculino permanecía pegado en su piel.


V

Butch abrió los ojos de golpe, esperando encontrar a su compañero en su cama. Giró la cabeza y se encontró solo en su habitación.
Suspiró y dejó caer un brazo como un leño encima de la cara mientras los recuerdos borrosos de la noche anterior empezaban a volver. Primero, rodando poco a poco: la sensación de vacío, la necesidad de atontarse hasta no poder
sentir más, las copas –muchas-, un grupo de cretinos… y V apareciendo de la nada justo a tiempo, más furioso que el guardián del infierno.


Intentó menear las piernas bajo las sábanas. Bien. Las cosas funcionaban. Se sacó el brazo de encima de la cara y se sentó en la cama como si esperara que, de repente, el estómago le explotara y saliera un Alien.
Nop, parecía que ser vampiro ayudaba a que las resacas pasaran antes. Lo cual explicaba por qué V vivía amorrado a una botella de vodka sin emborracharse jamás.


V otra vez. Butch se quedó sentado en la cama, frotándose el pecho desnudo mientras fruncía el ceño. Tío, había pasado algo
raro con Vishous, ¿verdad? Si sólo pudiera recordar… Oh ¿Oh? ¡OH! Los recuerdos acudieron en fila y ordenados, como soldaditos. Había acabado encima de V… ¿no? Apoyado en su pecho… lo cual explicaba por qué tenía su olor pegado a la piel.


Y luego sus caras habían quedado muy juntas, sus alientos se habían mezclado, V había hablado contra su boca y él contra la de su compañero. Luego habría jurado por las estampitas de los santos que V había estado a punto de… ¿besarle? Muy fraternal. La ostia de fraternal. La reostia. Suerte que Rhage -¿era Rhage?- había entrado en el momento oportuno. O no.

Butch se pasó la mano por el pelo oscuro hasta ponérselo casi de punta. Jo-der. Que le caía en gracia a V no era ningún secreto: él mismo se lo había dicho en aquella maldita azotea. Pero Butch había creído que era algo irreal. Que V pensaba que le gustaba porque él era la primera persona con quien había intimado y a quien veía de verdad. Punto. Que la cosa se le pasaría porque no había nada sólido para sustentar una atracción –piénsalo, gallina- sexual hacia él. Vaaaaaale, hora de revisar las impresiones. Porque, a menos que los Lags le hubieran provocado alucinaciones, Vishous había estado a punto de besarle.

La Virgen…

Sintió un primer ataque de pánico cuando sumó la mirada febril de V, un montón de cadenas y él mismo. Cálmate, tío. Has sido poli de Homicidios durante más de una década, no se te va a remangar el vestido ahora porque tu mejor amigo se sienta atraído por ti. Nadie puede evitar lo que se siente. La cosa era que V no era sólo su mejor amigo. Ahí estaba parte del problema: no había ninguna etiqueta que sirviera para definir lo que había entre ellos. Nop. Butch sólo sabía que no eran sólo amigos, ni hermanos, eran algo más. Había un vínculo entre ellos más allá de la rutina aspiradora-limpieza. Por el lado de V, las cosas eran más turbias. Ahora la pregunta del millón: ¿y por el suyo?

Suspiró. A veces le gustaría que las cosas fueran más simples, con los bordes mejor definidos, pero no lo eran. Él se había vinculado con una hembra a la que había considerado –y seguía considerando- como el amor de su vida. Pero, incluso cuando las cosas con Marissa habían ido bien, sabía que no habría podido vivir sin V ¿Por qué? ¿Y por qué siempre parecía haber
aquella… aquella electricidad en el ambiente entre ellos?


Lo que fuera. Una cosa estaba clara: él había estado haciendo largos en su propia piscina de “que me jodan” durante un mes sin darse cuenta de que Vishous nadaba en la piscina olímpica justo al lado. Ya que los dos compartían la carrera hacia el podium, ya era hora de que volvieran a hacerlo en el mismo carril. Lo único que tenían era el uno al otro. Viva el patetismo.

Todavía podía oler el whisky en su piel y el reloj de la mesita de noche marcaba media hora para la Primera Comida. Si algo tenía Butch eran cojones, por mucho que su mente guardara un sospechoso silencio. Y sabía tan bien como si el hermano hubiera dejado una confesión escrita que Vishous se estaría sintiendo como una puta lagartija inmunda.

Supo que V no estaba en la Guarida en cuanto salió por la puerta de su cuarto. Aún así, comprobó que la habitación- ratonera-de-libros estaba vacía, igual que la cocina y la salita. Aquella noche tenían que volver a la caza, así que Vishous estaría ya vestido perdiendo el tiempo con algo antes de la Primera Comida.

Media hora después, Butch cruzaba el túnel subterráneo hacia la mansión vestido de cuero, armado hasta los dientes y con paso decidido. Cuando entró en el comedor, con su vajilla de porcelana y tipos enormes comiendo con tenedores de plata, frunció el ceño. V no estaba.

-¿Dónde está Vishous?

Z levantó la vista del plato de Bella, donde estaba cortando fruta en pedacitos todos iguales.

-En el gimnasio. Lleva un par de horas machacándose.

¡Tui-tui-tui! La alarma mental de Butch empezó a pitar como loca. V solía dormir más que él, siempre había sido así, excepto -ahora lo recordaba- desde hacía una temporada, cuando los gemidos que salían de su habitación se habían hecho más frecuentes. V decía que había perdido sus visiones, y estaba tan tratable como un vaso con nitroglicerina encima de una lavadora
centrifugando. Pero, ¿y si las había recuperado? ¿Y si algo horrible pasaba por su cabeza y a eso se le sumaba… lo de anoche? Joder. Él había estado tan ocupado con su asunto de pajarito enamorado-bobo despreciado que no se había dado ni cuenta.


Se acercó a las bandejas de encima de la mesa y agarró un par de sándviches con bizcochos, mascullando y asintiendo cuando Rhage le recordó que tenía que salir de patrulla porque aquella noche estaba particularmente inspirado. Mordisqueó su propio sándvich mientras recorría el pasillo hacia el gimnasio. Oyó la respiración trabajosa de V en cuanto se acercó a la puerta. El hermano estaba tumbado en el banco con una camiseta sin mangas y los pantalones de cuero, levantando más pesas de las que le había visto hacer en la vida con unos bíceps que parecían de piedra a punto de estallar.

-¿Piensas reventarte los brazos antes de salir de casa, hermano?

V casi saltó del banco al oírle, aunque tuvo los reflejos suficientes como para colocar las pesas en los soportes antes de girarse hacia su compañero. Tenía el pelo algo pegado a la frente y el enorme torso subía y bajaba como un fuelle bajo la camiseta.

-Me has dado otro puto susto de muerte, poli.

Butch entró en el gimnasio y dejó la comida sobre una mesa al lado de la puerta.

-Ya, será que últimamente tienes una chincheta en el culo. Saltas por nada.

V se sentó en el banco de pesas, cogió una botella de agua que había dejado en el suelo y echó la cabeza hacia atrás, bebiendo a grandes sorbos. Cuando acabó, se quedó con los antebrazos apoyados en las piernas jugando con la botella durante un momento, sin levantar la cabeza.

-Te he traído el desayuno, princesa, no te quejarás.

V torció la boca bajo la perilla.

-Encantador, poli.- pero no se levantó. Hacerlo habría significado que le sería más difícil esquivar la mirada de Butch. Y si veía ira o compasión en su cara por Dios que perdería los nervios. Le dio un tic en el ojo y se levantó del banco, echando la cabeza hacia atrás bruscamente-. Me voy a dar una ducha rápida.

Lo cual sumaría dos en dos horas ¿Lo convertía eso en el tipo más limpio del mundo? No por dentro, estaba claro. Dios… La escena de la noche anterior volvió ante su ojo mental. Había estado a punto de besar a Butch. A su mejor amigo. A un tío complemente normal, recto, de costumbres sanas. A una buena persona. Había estado a punto de enviar al carajo aquello tan especial que tenían porque su maldita perversión había asomado la cabeza, susurrándole “eh, el tío que te pone está borracho como una cuba y lleno de mierda hasta arriba ¿Qué mejor momento para aprovecharte de él?”. Tiró la botella a la
papelera con tanta fuerza que la cosa se balanceó. Cuando dio dos pasos hacia el baño, el poli volvió a hablar.


-Vishous… -Butch vio que todos los músculos de la espalda de V se endurecían y se quedaba rígido en el acto-. Mírame, V.- caminó hacia él hasta detenerse a distancia suficiente como para oler el sudor de su camiseta. La cabeza morena se giró lo justo como para mirarle de reojo por encima del hombro con una expresión congelada-. Tú y yo seguimos igual. Lo nuestro… es… -Butch frunció el ceño, intentando encontrar la palabra adecuada-. Eres mi trahyner.

-Cierra la boca.- V frunció el ceño y sus ojos parecieron congelarse con alguna furia fría-. Voy a la ducha, apesto. Espérame en el patio.

El enorme corpachón de Butch pareció aumentar aún más de tamaño con un cabreo en ciernes. Maldita costumbre de tragárselo todo.

-V…

-Hoy no, poli. Hoy, no.

Cuando V cerró la puerta de los vestuarios con un portazo, el estruendo resonó en la mente de Butch como si el hermano hubiera decidido recluirse él mismo en alguna celda oscura y echar la llave. Vishous trataba de poner distancia entre los dos porque sabía que a Butch no le iban los tíos, que acababa de pasar por una catástrofe sentimental y porque se daba asco a sí mismo. Ya se lo había dicho aquella vez en la azotea. El muy hijo
de Satanás…
Cierto, a Butch no le iban los tíos. Sólo imaginarse tocando a alguno le daban arcadas.


Se apoyó contra la mesita donde había dejado el desayuno mientras oía correr el agua de la ducha de los vestuarios. La cosa es que siempre había dado por sentado que nunca podría sentirse atraído por un hombre. Aquellas mariconadas del desfile del Día del Orgullo Gay, con tíos untados de aceite bailoteando encima de camiones con globitos rosas no eran lo
suyo. Pero tampoco eran lo de V. Estaba casi seguro de que su amigo no se consideraba gay, sólo le… -tragó saliva-… gustaba él. Y había habido ocasiones en que Butch casi… casi… Cambió el peso de pie y se bebió una botella entera de agua mientras el sonido de la ducha se extinguía.


La botella de agua vacía fue a reunirse con la anterior en la misma papelera, que volvió al twist&shout en el mismo segundo en que la puerta del vestuario se abría y aparecía V. Estaba desnudo de cintura para arriba, con la camiseta sudada en una mano, el pelo negro húmedo.
Había una extraña mezcla de bestia y de halo ultra terreno en él. Era el tipo de macho que llevaba un letrero de “cuidado, muerdo” colgado al pecho de forma perenne, pero siempre que tenía que curarle era… tierno. Cálido.


Al verle, los ojos de diamante se estrecharon.

-¿Se te ha pegado el culo a la mesa, poli?- la voz era ronca. Busca tu maldita bolsa y ponte una camiseta. Porque si sentía la
mirada de Butch encima sin capas de ropa la piel le empezaría a arder. Más de lo que ya la notaba-. Creí que teníamos que pelear.


La jodida bolsa estaba junto a la mesa, a los pies del poli. Tendría que acercarse. Eres un maldito gallina. Debería haberle
dicho algo, alguna frase estúpida que negara lo que había pasado anoche. Pero no había manera de que su mente de genio produjera alguna. Cualquier cosa sería una mentira. Y V tenía los nervios demasiado de punta después de toda una noche poniéndose el despertador cada media hora para no soñar como para mentir de nuevo. Así que mejor pelear. Se suponía que algo de acción tendría que calmarle.


-¿Conoces algún local discreto donde hagan tatuajes?- el tono de Butch era ligero, del tipo “qué frío hace hoy”.

Vishous enarcó una ceja, descolocado.

-Varios, ¿por qué?

Los hombros de Butch se encogieron, haciendo crujir la chaqueta de cuero.

-Tengo que añadir una línea más a mi colección.- no hacía falta dar más detalles de dónde-. En el local a donde iba antes me conocen y no tengo ninguna guía turística de garitos de tatuajes de Caldwell.

V se agachó a recoger su bolsa y metió la mano, sacando una camiseta de combate limpia mientras evaluaba al poli de reojo.

-Puedo hacértelo yo… si quieres.

Los ojos avellana se desviaron a la sien derecha de V y éste aprovechó para meterse la camiseta por la cabeza, sacudiendo el pelo hasta que los mechones volvieron a taparle los dibujos ¿Dónde había dejado la maldita gorra? Ah, justo al lado de la mano de Butch.

-No sabía que supieras tatuar.

-Se me dan bien las agujas.

La risita del poli aligeró el ambiente.

-No sé cómo no me lo había imaginado.- recogió la gorra y se la tiró a V- ¿Cuál es tu especialidad, los dibujos tribales o las sirenas y las anclas de marinero?

-Los corazones con “Amor de madre”, en realidad. Pensaba en hacerme uno en el culo.- Vishous torció el gesto en su mueca-sonrisa habitual mientras se calaba la gorra y se cruzaba las dagas sobre el pecho-. El otro día estuve hablando del tema con John. El chico también quiere un tatuaje.

-¿Estuviste hablando con John?- Butch desencajó la mandíbula mientras su compañero se colocaba las armas- ¿Ya dominas la cosa esa de las manos?

Él no había pasado del “hola, soy Butch”. Vishous encogió los hombros.

-El chico se comunica así, ¿no? Decidí empollar lengua de signos.- alargó el brazo para coger los sándwiches que le había traído el otro.

-¿Cuánto tardaste en aprenderla?- el tono de Butch se volvió más agudo.

-Una noche.- V se subió la cremallera de la chaqueta y casi dio un salto cuando el poli se movió a su lado y apoyó la cabeza contra la suya- ¿Qué coño haces?

Butch gesticuló con la mano.

-Intento que me salten algunas de tus neuronas.

-¿Qué crees que son, pulgas?- los labios de V se curvaron hacia arriba.

-¡Ey, buena idea!- Butch separó la cabeza de la morena y se frotó los dedos como si llamara a un gato-. Eh, bonitas, pssss, pssss… Venid con tito Butch, vamos, nenas, venid conmi… ¡ouch!- la chaqueta amortiguó el puñetazo de V contra su brazo.

-Gilipollas toca narices…

-Lo sé, es mi misión en la vida.

La puerta del gimnasio se cerró con estrépito, aislando el sonido de las risas masculinas.

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5 Re: Amantes Redimidos (+18) el Vie Abr 29, 2011 5:09 am

amatista


HUMANO
HUMANO
me parece bien la historia de qhay, vane caos es muy buena Very Happy

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6 Re: Amantes Redimidos (+18) el Vie Abr 29, 2011 5:34 am

Alexandrine


MODERADORAS
MODERADORAS
Wowww... Quiero más, quiero más, quiero más....



Invitado más allá de la oscuridad, entre las sombras, siempre te estarán esperando...
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"Hasta que tú me encontraste, estaba muerto aunque respiraba. Estaba ciego, aunque podía ver. Y luego tú llegaste... y desperté" Zsadist
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7 Re: Amantes Redimidos (+18) el Vie Abr 29, 2011 1:04 pm

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
Bueno, acá les dejo un poco más del fic...

Capítulo 2. Entra, Hombre de los Sueños


-¿Seguro que sabes lo que haces?

Vishous alzó una ceja morena mientras abría una funda de plástico, sacaba una aguja hipodérmica y la encajaba con cuidado en una especie de enorme jeringa salida de una peli futurista. Miró de reojo a Butch, plantado al lado de su cama con las manos en las caderas. Por su expresión, parecía que creyera que estaba preparando una mezcla radiactiva.

-Tengo cierta experiencia con tatuajes, poli.- V habló manteniendo el cigarro en la comisura de los labios. Destapó un potecito transparente con tinta negra-. La única diferencia es que he mezclado sal con la tinta para que sea permanente.

-Ya… claro.- Butch se mantuvo exactamente a dos metros de V. Por algún motivo, verle jugar con una aguja, sabiendo que iba a acabar clavándosela, le provocaba sudores.

El hermano dejó la máquina ya preparada encima de la cómoda, donde había improvisado un pequeño estudio de tatuador, y se puso un guante de látex encima del que cubría su mano derecha. Lo ajustó con un “chas” de plástico que hizo que Butch respingara, luego se sacó el cigarro de la boca con la mano doblemente enguantada, le dio una calada honda y lo apagó en el cenicero que había dejado junto al resto del material. Espiró.

-¿Y bien? ¿Crees que puedo tatuarte a distancia, por ondas cerebrales?

-No me sorprendería.- murmuró Butch. Se pasó una mano por el pelo y echó un vistazo a su habitación-tienda-Pretty-Woman con el ceño fruncido- ¿Dónde me pongo? Aquí no tenemos camilla ¿Me siento en una silla?

-Nop. El tatuaje va en la parte baja de tu espalda. Si tengo que hacértelo sentado en el suelo y doblándome me joderé los huesos.- V recorrió el cuarto sabiendo que sólo había una opción. Mierda. No había pensado en la logística cuando se ofreció para la faena-. Quítate la camiseta y túmbate boca abajo en la cama.

Por algún motivo, el cerebro de Butch reinterpretó aquellas órdenes imaginándose a V con un látigo en la mano ¡Plas, plas! Vale ya, imbécil. Es sólo una raya, no va a tardar nada. Tomó aire, se cogió el dobladillo de la camiseta y se la sacó por la cabeza, tirándola sobre la cama. Cuando le pareció que alguien estaba abriendo dos agujeros en su pecho con rayos láser, levantó la mirada para encontrarse con los ojos fantasmales de V fijos en él. Uh…

Butch reprimió las ganas de levantar las manos y taparse como las niñas mientras el termómetro parecía haber subido dos grados.

La noche había ido relativamente bien. Siguiendo una intuición de V, habían patrullado por los alrededores de la zona pija de la ciudad, en busca de los restrictores que el hermano había visto la noche anterior. Tenían que seguirles y averiguar a qué venía aquella predilección por los bares de neón. Pero querer y poder no siempre iban de la mano. La cosa había acabado cuando habían encontrado un grupito de restrictores novatos y el guionista había dicho “palos”. La única putada es que la cosa había sido tan rápida que Butch no había podido aspirarlos, sólo apuñalarlos. Así que tendrían que volver otra noche a hacer de Holmes y Watson.

La acción había servido para distraerles, al menos. Butch había alejado la mente de sus habituales círculos concéntricos y V había desfogado tanta mala hostia que el aire a su alrededor parecía despedir ácido sulfúrico. Habían intercambiado pullas de machos, golpecitos en los hombros con los demás hermanos al volver a la mansión y el ambiente entre ellos había vuelto a ser el que era antes de… Bien, antes de que algo que no había pasado lo cambiara.

Ahora, sin embargo…

-Eh… voy a tumbarme.- Butch señaló la cama como un robot teledirigido mientras V desviaba aquellos ojos perforantes de él y empapaba una gasa estéril con alcohol.

Gateó por la enorme cama hasta tumbarse boca abajo justo en el centro, con los brazos doblados, apoyando la cara encima, ladeada, para poder ver a Vishous acercándose con la gasa en la mano y el resto del instrumental en la otra. Al ver dónde se había tumbado el poli, V frunció el ceño. Si se hubiera echado cerca del borde de la cama, habría podido sentarse de lado en el colchón y alcanzar su espalda. Tal como estaba, en el jodido centro de esa monstruosidad “king size”, iba a tener que sentarse a horcajadas sobre su trasero para tatuarle. Y eso no era buena idea. Pero decirle que cambiara de posición todavía dejaría más claro que V tenía… ciertos problemillas consigo mismo. Así que apretó las mandíbulas y gateó por la cama hasta sentarse a su lado. Al menos, podía desinfectarle sin sentarse encima. De momento.

Contempló toda aquella superficie musculosa sin poder evitar grabarse los detalles en el córtex cerebral. Cintura estrecha –para un gigante de dos metros- que se iba ensanchando, adornada de músculos que se abrían en abanico hasta unos hombros de piedra. Se aclaró la garganta, obligándose a concentrarse en las bandas de rayas que Butch tenía tatuadas. Las más antiguas comenzaban en la parte más baja de la espalda, grupos de cuatro líneas verticales cruzadas por una quinta en diagonal. La que tenía que hacerle inauguraba un nuevo conjunto, así que había que escoger un fragmento nuevo de piel.

-¿Por qué lado te lo hago?

-¿El qué?- Butch torció la cara todo lo que pudo para mirarle de reojo.

-El tatuaje.- alargó la mano con los guantes, dándole un golpecito en la parte derecha de la espalda y otro en la izquierda-. Elige.

-Ah. Lo que sea. Izquierda.- Butch se aclaró la garganta y apoyó la cabeza boca abajo sobre los brazos cruzados. Los músculos de la espalda ondearon.

-Capicci.

V se inclinó sobre él, apoyando la palma de su mano buena en su costado y Butch pensó que estaba tibia. Agradable. Mierda, ¿había pensado eso? El contraste con la gasa fría y húmeda que vino acto seguido le arrancó una mueca. El colchón dio un saltito cuando V se levantó y al cabo Butch oyó el ruido de la jeringa de tatuar. Bzzzzz, como una maquinilla. Era un sonido que tenía asociado a su peculiar aniversario tétrico. El pinchazo de la aguja en su piel era como clavar una velita en un pastel.

La cama volvió a hundirse con los más de cien kilos de vampiro. Butch levantó la cabeza de los brazos y la giró de perfil hacia su amigo. V estaba de rodillas sobre la cama, descalzo, y acomodando un muslo a cada lado de su cuerpo, prácticamente sentándose a horcajadas sobre él. La piel de Butch pareció erizarse y no habría apostado si era porque le parecía amenazante o… Bien, seguro que era porque le parecía amenazante. V se encogió de hombros.

-Tengo que inclinarme sobre ti.- informó en voz baja, sin moverse.

Butch asintió en silencio y sólo entonces V acabó de situarse, apretándole los muslos con los suyos. El poli pensó que estaría más cómodo con la cabeza entre los brazos, sin ver nada, así a lo mejor la histérica de su mente dejaba de imaginarse cosas.

V apoyó la mano izquierda, desnuda, sobre los riñones de Butch, intentando ignorar el calor que transmitía el cuerpo del irlandés, la piel suave, la forma de las caderas resaltada por el pantalón de cuero y el ángulo que hacía que su propia entrepierna quedara apretaba justo contra las nalgas del poli… Intentó ignorar a Butch, pero no lo consiguió. Su mirada se hizo un poco borrosa y parpadeó, tratando de disipar aquel agotamiento mortal. Mierda, esperaba que no le temblara la mano.

-¿Todo bien?- la voz de Butch sonaba amortiguada contra las sábanas.

De puuuuuuuuuta madre.

-Notarás un pinchazo.-V apretó los ojos varias veces, volvió a poner en marcha la jeringa y se inclinó sobre Butch, empezando a trazar los pinchazos que marcarían una nueva línea vertical. El poli se tensó un momento-. Maricona…

-Capullo…

Butch cerró los ojos con fuerza, intentando concentrarse en el pequeño dolor de aquellas picadas de avispa. Era como una terapia de expiación, supuso. Cada vez que se tatuaba una nueva línea se obligaba a pensar en Janie, en cómo la recordaba antes de que la arrancaran de su vida. Era su pequeña misa de recuerdo. Reproducía en su mente sus risas, sus juegos y también su genio… pero siempre acababa recordando su última sonrisa, girándose desde la ventana trasera de aquel puto coche… y las lágrimas de su madre… y la acusación en los ojos de su padre… y los silencios… y las palizas… y las rayas de coca… y toda la mierda de su vida. Para que la cosa no se volviera repetitiva, aquella vez tenía algo más que echarle a la mezcla. Los ojos azules de Marissa… y su melena platino… y su inocencia… y su luz… y su deseo de un macho mejor a su lado que no fuera un maldito camorrista… y…

La mano izquierda de V se movió lentamente sobre su baja espalda y le provocó un escalofrío que lo devolvió al presente. La aguja dejó de morderle la piel y notó que Vishous la dejaba sobre la cama. Algo suave rozó su piel, allí donde le estaba tatuando, con toques delicados.

-Sangras.- explicó el hermano con un susurro ronco-. Es normal. La piel de un vampiro es más sensible.

-Haz lo que tengas que hacer.- se aclaró la garganta.

V se inclinó sobre su cuerpo y sopló suavemente sobre los puntitos de sangre que acababa de secar con una gasa, reprimiendo el impulso de acercarse más, de rozar la piel con los labios. Luego volvió a poner la jeringa en acción.

Butch apretó las mandíbulas para evitar que se le pusiera la piel de gallina con aquel suave soplido y su terapia de Fracasados Anónimos se fue al garete. Por mucho que intentaba concentrarse en el motivo de aquel tatuaje, todo lo que podía notar era a Vishous haciéndoselo. El calor de su mano izquierda cuando la movía sobre su piel, suave, tenía el contrapunto perfecto en los pequeños pinchazos de dolor. Era muy… Vishous. El hermano intentaba no sentarse sobre su trasero ni sobre sus muslos, pero de vez en cuando lo hacía y Butch podía notar el roce de su, eh, eso que hace que un hombre sea hombre, contra él. Mierda, si se concentraba lo suficiente podría sentir la respiración de V sobre su piel y aspirar su olor. Su sentido del combate innato lo tenía en modo “alerta, nunca dejes a alguien sobre tu espalda” y ese estado de híper consciencia hacía que percibiera todavía más cada pequeño gesto. Curiosamente, le provocaba cierto estado de languidez sensual.

Vishous volvió a pasarle una gasa para secarle las gotitas de sangre y Butch lo sintió como si le hubiera recorrido la columna vertebral de arriba a abajo con el dedo. Rebulló un poco.

-Si no te estás quieto saldrá torcida.- le regañó su compañero-. La línea ya está dibujaba, voy a hacerla igual de gruesa que las demás.

-Bien.

Butch apoyó la cabeza de lado sobre sus brazos cruzados y, por algún motivo, todas aquellas sensaciones le recordaron que hacía un mes que prácticamente ignoraba a Vishous, nadando en su mierda. Con la presencia enorme del hermano sobre él y sus manos en su cuerpo, un rayo de sol pareció entrar en el pozo negro en que chapoteaba desde hacía cuatro semanas.

-¿V?

-¿Mmm?

La jeringuilla estaba ampliando la línea negra, destacándola sobre la piel.

-Es una gilipollez, pero… -Butch frunció el ceño- Nunca te he dado las gracias por proponerme para la Hermandad. Ya sabes, en la ceremonia. Por ser mi sponsor.-la aguja dejó de tatuar por un momento y él prosiguió con una mueca-. Eres como mi comadrona, ¿sabes?- oyó que V emitía un pequeño sonido, mezcla de bufido y gruñido-. En serio. Tú me trajiste a este mundo, cuando me despertaste como vampiro. Y tú me metiste en la Hermandad. Eso y tú sois todo lo que tengo.- emitió una risa seca-. Joder, cómo me cuesta el Idioma Antiguo ¿Cuál es la maldita palabra? Sí, eres mi rahlman, ¿verdad? Mi salvador.

Un par de segundos de silencio.

-¿Sentimental, amigo?- V destapó un tubo de vaselina, puso una pequeña cantidad en su dedo y untó las diminutas heridas de la nueva línea negra. Luego colocó un apósito adhesivo encima. Se mantuvo en silencio un segundo más-. Ya está.

Butch se encogió de hombros, pero no se movió. Vishous tampoco. A saber por qué, el poli pensó que hacía mucho que los dos no tenían uno de esos momentos intimistas suyos. Que lo echaba de menos. Que le hacía sentirse acompañado en el mundo. Que aquel rato había durado muy poco. Y que la forma en que V le tocaba, con cuidado…

La mano izquierda de Vishous acarició toda la parte baja de su espalda como un roce de seda y el escalofrío de Butch aquella vez fue bien visible.

-Las líneas más antiguas están difuminadas.- la voz de Vishous era un susurro- ¿Quieres que te las repase?

-Sí.- qué poco había tardado en decirlo.

V alcanzó el paquete de gasas limpias que había tirado encima de la gama, sacó una, la empapó de alcohol y la pasó con cuidado sobre la piel que tenía tatuadas las líneas más antiguas. Ups

-Tendrás que bajarte un poco la cintura del pantalón.- V se pasó el dorso de la mano por la frente. Le dolía la cabeza como el demonio. Ahora que lo pensaba, le dolía todo el cuerpo. Era como si cada vez que tocaba la piel de Butch todos sus nervios se concentraran en la punta de sus dedos para poder sentirlo, para poder aprovechar aquel momento único antes que tener que retraerse de nuevo y disimular. Le estaba dejando el cuerpo descompuesto.

-Claro.

Hubo un momento de confusión mientras V se levantaba un poco y Butch forcejaba para desabrocharse el cinturón y poder bajarse algo los pantalones de cuero. Vishous volvió a acomodarse, con los muslos a los dos lados de las caderas del poli, sentado sobre él. Tal como estaba, podía ver los dos pequeños huecos al final de su rabadilla y casi el principio de sus nalgas. En las décimas de segundo que su voluntad flaqueó, la zorra de su imaginación volatilizó las ropas y le puso movimiento a la escena. Hacia atrás y hacia delante. Mier-da. Volvió a frotarse los ojos, pero la estampa siguió acechándole. Cuando se inclinó para acabar de desinfectar la piel, su mano resbaló con suavidad por la espalda de Butch, en una caricia inconsciente.

Vishous se inclinó con la jeringa en la mano, concentrándose en los tatuajes, sin darse cuenta de que Butch se había girado a mirarle de reojo.

-De nada.- murmuró V al cabo de un momento.

-¿Qué?- Butch lo ojeó por encima del hombro, reparando en que Vishous estaba sentado encima de sus muslos como si el cuerpo le pesara toneladas.

-Lo que has dicho antes. Por meterte en el mundo de los colmillos y eso. De nada.- V seguía con la mirada baja. Bzzzz.

Butch cerró los ojos, rindiéndose a sentir la mano de V sobre su piel, los mordiscos de la aguja y el peso de su cuerpo contra sus muslos y su culo. A cualquier otro macho ya lo habría enviado rodando contra la pared. A Vishous… Suspiró. Al cabo de un rato de silencio roto por el bzzzz de la jeringa de tatuar parte de la mierda de su cerebro encontró el camino hacia su boca.

-¿Alguna vez te has preguntado si habrías sido una persona distinta?- murmuró con los ojos cerrados, pensando en Janie, en las palizas y en el vacío- Ya sabes. Si tu infancia hubiera sido diferente, llena de amor y toda esa mierda de psicólogo ¿Habrías sido una persona mejor, más capaz?

La aguja paró en seco. La voz de Vishous pareció el filo de una navaja.

-¿Quieres decir si no habría sido un sádico pervertido?

El poli dejó ir un suspiro. Con fuerza. En condiciones normales, V habría entendido que, en realidad, estaba hablando de sí mismo y no habría interpretado aquello como un ataque a su forma de vida. Así que algo iba muy mal. Se apoyó sobre los antebrazos y retorció el cuerpo hasta poder mirarle por encima del hombro.

-Punto A: hablaba en general o, mejor dicho, de . Punto B: no te estaba atacando porque no te juzgo, cosa que ya deberías saber a estas alturas. Y punto C: ¿qué coño te pasa para que andes saltando de esa forma?- las cejas de Butch formaron una ominosa barrera sobre sus ojos.

V lo miró unos segundos con los ojos entrecerrados y los labios entreabiertos, como si estuviera a punto de decir algo jodidamente difícil. Luego se frotó la cara con el dorso de la mano enguantada mientras dejaba que la otra remoloneara sobre la espalda de Butch. Necesitaba dormir. Y necesitaba dejar de desear cosas que no podía tener antes de que le saliera una úlcera de estómago. Si sólo supiera cómo… Con los ojos cerrados, el mundo se bamboleó un momento y rogó porque su amigo no lo hubiera notado.

-Punto A: eres una buena persona, poli.- murmuró, sintiendo que se evaporaba por todos sus poros, convirtiéndose en neblina de puro agotamiento-. Supongo que, si no hubieras comido mierda de joven, lo único que habría cambiado es que no te habrías hecho puré a ti mismo metiéndote de todo en el cuerpo y jodiendo con cualquier puta, cosa que siempre dices que te hacía sentir como una colilla.- abrió los ojos y los enfocó lo suficiente para intentar acabar con la línea que estaba repasando. A pesar del pinchazo, Butch ni se movió-. Pero habrías seguido siendo poli. Y habrías seguido intentando ayudar a la gente, porque así es como eres. La Madre Teresa de Calcuta con placa.- torció la perilla, mientras la vista se le nublaba. Último punto de la línea-. Y quizás no lo habrías hecho tan bien de no haber experimentado el lado oscuro de la fuerza. Sabías perfectamente de qué estabas protegiendo a todas esas víctimas. Puede que tu historia personal te haya jodido el cerebro, pero saliste de ella con el corazón en plena forma.

Mejor que el mío…

El silencio que invadió la habitación era tan denso que se podría haber modelado en un ladrillo. V dejó la jeringa a un lado, cogió otra gasa y empezó a limpiar las gotitas de sangre que salpicaban los riñones de Butch siendo muy consciente de que el poli seguía girado hacia él y probablemente con los ojos a punto de salirse de sus órbitas. Perfecto. Genial. Magnífico ¿Debía tatuarse la lengua también como advertencia para no volver a abrir la boca?

-Vishous…

El hermano dejó la gasa ensangrentada a un lado, cogió el pote de vaselina y se untó los dedos enguantados. La repartió con cuidado sobre cada una de las líneas que había repasado, acariciando la piel a través de los dos guantes mientras mantenía la mano izquierda sobre el costado de Butch. Ojalá se le pegara algo de la luz del poli, como decía él de sus neuronas. Así no se sentiría tentado de poner los brazos a ambos lados de su cuerpo, besar la piel que acababa de tatuar, subir lentamente por su espalda mientras presionaba su entrepierna contra su culo, lamer cada centímetro de músculo sedoso hasta llegar a su cuello y hundir…

-V…

Enarcó las cejas negras y alzó la vista con esfuerzo. Mierda. Dos veces mierda. Butch tenía aquella mirada de conocimiento, aquella jodida mirada que amenazaba con poner en palabras lo que flotaba entre ellos. Y eso sería un desastre. Ya era bastante con saber que Butch sabía perfectamente lo que él sentía, como una corriente subterránea flotando entre ellos, como para volverlo más real diciéndolo con palabras. Con las corrientes subterráneas se podía fingir que no existían y hacer que las cosas fueran como siempre. En cuanto lo decías en voz alta se convertía en un problema.

Vishous cerró el pote de vaselina, cogió la jeringa, el potito con la tinta, la caja de gasas limpias, la botella de alcohol y desmontó de Butch dedicándose en silencio todos los insultos que conocía en unos cuantos idiomas. En cuanto bajó de la cama, el poli se sentó.

-Todavía no me has contestado a los demás puntos.

V apretó los labios en una fina línea mientras se acercaba a la cómoda, desmontando la jeringa y la aguja.

-¿Qué es lo que va mal, V?

Joder, el poli era insistente.

-¿Te crees que aún estás en un interrogatorio de Homicidios?- tiró la aguja a la papelera, acertando dentro de milagro.

-No, estoy hablando contigo, señor La Isla.- Butch se levantó de la cama, plantándose en mitad de la habitación con las piernas separadas, como si tuviera que parar la carga de un toro furioso-. Deja de ignorarme, me molesta.

-Estoy bien.- tiró el potecito de tinta a la papelera, sin girarse hacia él.

-Que me mientas no me molesta. Me cabrea como el puto demonio ¿Qué. Va. Mal?- el tono de Butch empezaba a ser bajo y grave, como siempre que la sangre empezaba a hervirle-. Sé que no pegas ojo. Vivimos juntos, ¿recuerdas? Oigo tu despertador durante el día ¿Es por tus… visiones?

-Dé-ja-lo. –metió la máquina de tatuar en su caja y cerró la tapa con fuerza. Cuando se dio la vuelta para marcharse, Butch estaba entre él y la puerta, cortándole la retirada. Y nadie podía desmaterializarse dentro de la mansión.

El poli dio dos pasos hacia él, acercándose tanto que sus pechos casi se tocaron. Las cejas castañas estaban tan apretadas que formaban un huecograbado en medio.

-V, eres mi mejor amigo. Me preocupas. Me importa una puta mierda que tengas visiones o no, siempre y cuando estés bien. Lo que sea normal para ti, está bien para mí. Lo malo es cuando algo no va como es normal y no me lo dices ¿Cómo cojones voy a cuidar de t…?

-Ni se te ocurra hacerlo.- Vishous retrajo el labio superior, mostrando los colmillos. Si Butch volvía a decir que era su mejor amigo por Dios que haría algo inapropiado. Muy inapropiado. Sus caras estaban a centímetros. Tenía que salir de allí- ¿Punto B? Una vez violé a un macho. En el campamento.- Butch lo miró sin parpadear.- Juzga eso, si quieres.

Pasó al lado del poli empujándolo con el hombro y desapareció hacia su cuarto estampando las botas contra el suelo. Cuando Butch oyó el estruendo de su puerta cerrándose, respingó como si hubiera recibido un puñetazo.

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8 Re: Amantes Redimidos (+18) el Sáb Abr 30, 2011 4:00 pm

amatista


HUMANO
HUMANO
oh esa esena fue genialllll

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9 Re: Amantes Redimidos (+18) el Sáb Abr 30, 2011 9:10 pm

Alexandrine


MODERADORAS
MODERADORAS
Wowww... Quiero más, quiero más, quiero más... Jajaja Very Happy



Invitado más allá de la oscuridad, entre las sombras, siempre te estarán esperando...
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"Hasta que tú me encontraste, estaba muerto aunque respiraba. Estaba ciego, aunque podía ver. Y luego tú llegaste... y desperté" Zsadist
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10 Re: Amantes Redimidos (+18) el Dom Mayo 01, 2011 4:42 pm

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
Chicas, todavía faltan algunas de las mejores escenas (por lo menos desde mi punto de vista Very Happy )

Acá les dejo un poco más para que disfruten de la lectura (ayer no pude colocar nada porque estube todo el día sin conexión Mad )

Besotes!!....




-Un placer patrullar contigo, Butch. Me alegro de que… bueno, de que estés con nosotros.

… a pesar de lo de Marissa.

La sonrisa de Phury era auténtica, así como su mano sobre su hombro. El poli asintió, agradeciéndole el cumplido, y el hermano cruzó el recibidor multicolor de la mansión con su ligera cojera, quitándose la chaqueta de cuero de camino a las escaleras de mármol. A medio camino se encontró con Zsadist y los dos gemelos se agarraron de las muñecas, saludando
que los dos hubieran vuelto de una pieza una noche más. Cuando Z llegó al
recibidor, se encaminó a la cocina –a juzgar por la caja de Haagen Dazs vacía que llevaba en las manos- y Butch se adelantó hacia él.

-Eh, Z ¿Ha vuelto V?

El hermano se encogió de hombros y se chupó un dedo con restos de helado.

-No lo sé, yo hace rato que estoy en la habitación. Debe seguir fuera con Rhage.- Zsadist adelantó el pie, a punto de retomar su camino, cuando se fijó en el ceño del irlandés- ¿Todo bien?

… mierda, a pesar de lo de Marissa.

-De perlas. Voy a la Guarida.- Butch le saludó con la mano mientras se giraba.

De maravilla iba todo. Como un cuento de hadas.
Vishous hacía cuatro días que no le hablaba y había insistido a Wrath que Butch tenía que salir a patrullar con cualquiera menos con él. Porque ellos dos ya conocían el estilo del otro bastante y tenía que aprender a pelear con todos los hermanos. Lo cual encajaba perfectamente con la definición de “patada en el culo”.

Salió al patio de la mansión y levantó la cara al cielo, suspirando ¿Era algo que había dicho… o que había hecho? ¿Había vuelto a cagarla con la única persona en el mundo que le importaba, con su…? ¿Con su qué?
A veces el lenguaje es seriamente limitado para definir la realidad.

Echó a andar hacia la Guarida con cuidado sobre la gravilla helada. Llevaba cuatro días dándole vueltas a aquella extraña pelota invisible que se había acomodado entre los dos, amenazando con explotar cada vez que se acercaban –física o emocionalmente- y seguía sin llegar a ninguna conclusión. Lo que V le había tirado a la cara como una bofetada, el asunto de la violación de un macho, se empeñaba en combinarse con la imagen que tenía fijada de su amigo dominando a aquella hembra atada y amordazada. Tanta… rabia.
Ese era el perfume que flotaba normalmente alrededor de V, rabia fría. Pero cuando tenía las defensas por los suelos, como la otra noche, parecía… solo. Muy solo y muy jodido.

La combinación despertaba en Butch una chispeante mezcla de agresividad, de ganas de arrasar hasta los cimientos cualquier cosa que hubiera hecho daño a Vishous, junto con un aún más inquietante impulso de… protegerle. De abrazarle y…

Dejémoslo. Por ahora, se conformaría con que V volviera a hablarle. Siempre había sabido lo importante que era Vishous en su vida, pero hasta este momento no se había dado cuenta de que podía volverle absolutamente loco si se mantenía al margen de ella.

Atravesó la puerta de la Guarida con la cabeza gacha cuando un olor y un sonido hicieron que la levantara de golpe. Tabaco turco. Y la sintonía de “CSI Las Vegas”. Entró en la salita suspirando de puro alivio mentalmente para encontrarse a Vishous de pie ante la tele de plasma, subiendo el volumen con el mando en la mano derecha, una manzana en la izquierda y aún en pantalones y camisa de combate. No levantó la mirada cuando Butch entró.

-Hey.- los labios casi no se movieron bajo la perilla y V se dejó caer en el sofá, poniendo los pies encima de una pila de “Sports Illustrated” sobre la mesita de centro.

Butch reprimió las ganas de agarrarlo por el cuello y estamparle la cabeza contra la pared. Se quitó la chaqueta, la tiró sobre una butaca y empezó a quitarse las armas. V seguía con la gorra roja calada hasta las cejas y sólo distinguía su perfil, siniestro con aquella perilla, pero le pareció adivinar un bonito par de ojeras. Vishous apoyó la cabeza sobre la palma derecha, con el codo encima del reposabrazos del sofá, se puso el mando sobre las piernas estiradas y le dio un mordisco a la manzana. Crumpf.

-¿Nueva temporada?- Butch cabeceó hacia la tele. Aquella especie de Colombo armado con polvitos en busca de epiteliales era lo único de ficción que veía V.

-Yup.

Vishous siguió mordisqueando la manzana, intentando que su maldita vista aguda no le permitiera distinguir a Butch por el rabillo del ojo. Había llegado a tal estado de presión cerebral que si el poli le miraba fijamente durante más de dos segundos, saltaría. Y ni siquiera él mismo era capaz de predecir qué haría. Suspiro de puro alivio cuando el poli desapareció en la cocina. V se hundió un poco más en el sofá, diciéndose que podría intentar relajarse viendo a Grissom destripar fiambres un rato y luego intentar dormir a intervalos de diez minutos. Súper relajante de la muerte.

Butch reapareció de la cocina con dos Coronas en la mano y le tendió una a V con un encogimiento de hombros.

-CSI no me encaja con el Lag ni el Goose, amigo, tendrá que ser cerveza.

Vishous miró la mano ancha de Butch, subió por el antebrazo fibrado, recorrió el bíceps como una pelota de rugby marcándose contra la camiseta y acabó el tour turístico en unos ojos avellana muy serios.
Limpios, como siempre. Volvió a aplastar la vocecita que le hacía preguntarse cómo sería sentirse abrazado por él diciéndose que tenía que poner distancia de por medio antes de perder los papeles.

El poli volvió a joderle las intenciones sentándose en el sofá, justo en la otra punta, como si sospechara que acercarse a él podía iniciar una reacción de fisión nuclear. Muy acertado. V le dio otro mordisco a la manzana mientras sus colmillos se alargaban, como siempre que tenía a Butch a menos de cinco metros de distancia. Se sentía como un volcán
contenido por una capa de hielo que cada vez se iba volviendo más fina. Intentó concentrarse en el muerto que Grissom acababa de encontrar al lado de una piscina, pero el agotamiento hizo que la cabeza le diera vueltas. Mierda.

Butch contempló de reojo a V mientras le daba un trago a la Corona. El
hermano no andaba despotricando de la forense, como era habitual, ni jodiéndole la serie diciéndole, a los cinco minutos del capítulo, quién era el asesino. Se limitaba a hundirse en el sofá ocultando la cara y a mordisquear la manzana. Crompf. El poli tuvo una visión momentánea de la punta de unos colmillos blancos y, en un gesto reflejo, se lamió los suyos, más retraídos ¿En qué coño estaría pensando V para tenerlos así?

La visión le provocó un curioso escalofrío de… ¿anticipación? Alguna neurona oculta entre sus recovecos cerebrales le trajo al presente la sensación de aquellos colmillos afilados hundiéndose lentamente en su propio cuello. La punzada de dolor, los brazos de V alrededor de su espalda, los labios contra su cuello y el pelo contra su mejilla.

Cambió de posición en el sofá, diciéndose que era porque no le cabían bien las piernas.

Vishous cerró los ojos por un momento, después de pensar con ironía que, a veces, parecía que una puerta blindada de cristal separara a las personas, aunque estuvieran a un metro de distancia. Parecía que el espacio entre ellos crepitara. Sus párpados se negaron a levantarse y sintió una primera punzada de pánico cuando el sueño se lo llevó con un latigazo al País de Nunca Jamás.

No, no, no, nononono…

Sí.

Sintió un familiar agotamiento que no tenía nada que ver con no haber pegado ojo en semanas y supo que la visión había empezado. En ella, le dolía todo el cuerpo, los huesos, los músculos, como si llevara horas peleando. Luego empezó aquella sensación de evaporarse, de quemarse, de su propia fuerza desapareciendo, convirtiéndose en ceniza en sus venas. Intentó despertar pero el sueño lo atrapó por los huevos y empezó aquella agonía. Él se estaba muriendo, lo sabía, pero había algo peor, mucho peor que eso, algo que no quería ver, algo que no soportaría ver, que le haría
pedazos, que le arrancaría el corazón del pecho, que…

Gimió en voz alta sin darse cuenta y algo lo zarandeó como a un saco de patatas. Gracias, querida Virgen en el Fade… Abrió los ojos de golpe, cogiendo aquel billete exprés de vuelta a la realidad que resultó ser Butch, inclinado sobre él y sacudiéndole por los hombros.

-V, despierta amigo.- el poli examinó a Vishous con el ceño fruncido. Mierda. Estaba pálido como un muerto y, a pesar de la gorra, vio que la piel bajo los tatuajes de la sien brillaba débilmente-. V, vuelve conmigo. Te has quedado frito, tenías una… pesadilla ¿Vishous?

El hermano tragó una boqueada de aire y se limitó a mirarle sin parpadear, quemándole con aquellos ojos suyos. Al cabo, levantó las manos, haciendo el gesto de apoyarlas en los brazos de Butch sobre sus hombros. En aquellos ojos transparentes había algo que al poli no le gustó. No le gustó nada. Miedo. Y algo que hizo subir extrañas emociones a la superficie.
Tristeza. Y… anhelo. Era algo que llamaba a su alma, atrayéndole hacia V como si su amigo hubiera cogido un megáfono y estuviera gritándole “socorro” en el oído. Despertaba cosas raras en Butch, cosas agresivas y protectoras. Se inclinó hacia V, con toda la intención de abrazarle, pero el macho se sacudió sus manos de los hombros, le apartó y se enderezó.

Vishous comprobó que tenía la gorra bien ajustada, apagó el volumen de la tele y se levantó, recogiendo la manzana a medio comer del sofá.

-Me voy a tumbar. Estoy cansado. Esta noche hemos corrido como perros. Han matado a un civil y ha sido una puta carnicería.

La cara de Butch cuando pasó por su lado, ignorándole, fue la misma que si le hubiera dicho que su abuela había muerto.

Mierda, siento hacerte daño. Lo siento en el alma…

OOO

-¿Poli?- la enorme figura de Wrath, un mezcla de espectro siniestro y “Pressing catch”, apareció en el umbral de la biblioteca, empequeñeciéndolo- ¿Tienes un minuto para mí?

Butch levantó la vista de la bola blanca de billar, contemplando de reojo a su rey mientras mantenía el taco en posición.

-¿Hora de una audiencia?- se enderezó, apoyando el culo contra la mesa de billar y jugueteando con el taco entre las piernas. Jugar solo era una mierda, pero al menos le relajaba-. Tú dirás, jefe.

Wrath entró en la sala y cerró la puerta detrás. Uh-uh. Conversación seria a la vista. No me preguntes por Marissa, no se te ocurra preguntar si estoy bien.

-Es V.

Gracias, Dios. Aunque el tema tampoco es que fuera la alegría de la huerta.

-¿Qué pasa con él?-Butch alargó la mano, cogió el cuadradito de cera azul y empezó a untar la punta del taco reflexivamente.

-Dímelo tú. Eres su mejor amigo.- Wrath cruzó los brazos sobre el pecho, luciendo los tatuajes de su linaje y sus cejas oscuras cayeron tanto sobre su nariz que se alinearon con las gafas negras-. Parece salido de “La noche de los muertos vivientes”. Voy a retirarle de la calle hasta que vuelva a la normalidad. A su tipo normal de normalidad.

Butch levantó la vista del taco de golpe.

-Si haces eso le matarás. Mierda, Wrath. No sé qué coño le pasa a V. Está en modalidad isla, pero sí sé una cosa.- aferró el taco con más fuerza-. Si le prohíbes luchar, explotará.

El rey inspiró con fuerza y caminó por la biblioteca hasta apoyarse de espaldas contra una butaca con estampado Luis XV.

-¿No te ha explicado nada?

-Nop. No me habla.- eso es, Wrath, hurga en la herida, muchas gracias.

El rey levantó la cabeza hacia él y Butch tuvo la sensación de que, a pesar de sus ojos débiles, no sólo le veía la cara sino el alma.

-¿Ha pasado algo entre vosotros?- soltó con voz baja.

Buena pregunta ¿Había pasado algo? Técnicamente, no. El poli meneó la cabeza.

-No, pero no quiere que me acerque a él.- genial, sólo le faltaba gimotear, mover el culo y parecería un perrito tristón en busca de cariño ¿Debía colgarse un barrilito del cuello?

Wrath siguió mirándolo en silencio un par de segundos y Butch volteó la cera del taco en la mano mientras sus nervios se iban poniendo firmes uno tras otro. Mierda, por eso el tipo era rey, supuso.

-¿Puedo ponerme poético un momento, poli?

-Joder, intentaré superarlo.

Wrath torció la boca un momento, en un esbozo de sonrisa, y luego se pellizcó el puente de la nariz por debajo de las gafas.

-Mira, Vishous es como un diamante. Igual de duro, frío y brillante. Da fuerza porque sabes que nunca se romperá, pero no calienta porque es distante. Nunca podrás alcanzarlo. Siempre ha sido así.- a pesar de sus pobres ojos, vio que la expresión de Butch se contraía, como si aquello hubiera sido un golpe en las tripas-. Con una única excepción: tú.

El poli lo miró directamente un segundo y luego bajó la vista.

-V nunca ha sido así conmigo, no funciona de esa forma entre nosotros. Siempre hemos estado… cerca.- masticó las palabras-. Pero hay algo… algo que se lo está comiendo por dentro. Y no sé cuánto de ese algo tiene que ver con sus visiones. O con haber dejado de tenerlas.

Y cuánto tiene que ver conmigo.

Wrath descruzó los brazos y se paseó en silencio por la sala, para acabar inclinado sobre la mesa de billar, los antebrazos apoyados en el borde de caoba. Al cabo, levantó la cabeza hacia Butch.

-¿Sabes cómo se puso V cuándo esos bastardos de restrictores se te llevaron?- la voz del rey era gutural, empapada de rabia sorda. No esperó a la respuesta de Butch-. Le importó una puta mierda que le amenazara con hacerle pedazos por haberte dado su sangre.

-¿Eso hiciste?- el poli enarcó las cejas.

Wrath se aclaró la garganta y jugueteó con la bola negra, descolocándola.

-Eras humano… y un macho.- añadió muy rápidamente-. Pero a V no le importó. No escuchaba. Sólo fumaba y estaba muy quieto, como un resorte a punto de saltar. Joder, todos estábamos furiosos. Todos habríamos levantado la ciudad entera para encontrarte.

-Lo sé.- mierda, le iba a poner sensible.

-Pero V parecía que hubiera perdido a su shellan.- se enderezó, pasándose la bola de una mano a la otra y levantó la vista hacia Butch-. Mira, Vishous siempre ha sido… poco convencional. Pero nunca le habíamos visto así por nadie. Ahora está exactamente como aquel día. A punto de estallar. Especialmente cuando tú estás cerca.- torció el gesto-. Estoy ciego pero no tanto. Entonces sólo se tranquilizó cuando te supo a salvo y ahora sólo volverá a la normalidad si se soluciona… lo que sea que pasa entre vosotros.- vio que el poli iba a abrir la boca, meneando la cabeza, y levantó una mano-. Ahórrate saliva, no me interesan los detalles. Pero ten claro una cosa: el único que ve lo que hay dentro del diamante eres tú. Si V te está manteniendo al margen, a pesar de ser la única persona que considera un… hermano o lo que coño sea, es porque cree que te está protegiendo de algo.- su ceño volvió a hacer acto de aparición-. Intenta estar a su lado a pesar de que te apetezca arrancarle la cabeza a mordiscos, no se dejará ayudar por nadie más y le necesitamos cuerdo.

Butch contempló la enorme espalda de Wrath y el pelo largo meneándose mientras se dirigía a la puerta, sin darse cuenta de que se le habían puesto los nudillos blancos.

-Wrath.

El rey se detuvo con la mano en el pomo y se giró por encima del hombro.

-¿Cómo fue su vida, la de V, en el campamento de su padre?- cambió el peso de pie-. Quiero decir, ¿sabes qué hizo?- ¿o qué le hicieron?

Wrath se giró un poco más hacia él para poder mirarle de frente.

-Lo que ocurriera allí es algo privado que V no cuenta a nadie. Pero ten clara una cosa: da igual lo que hiciera, fue para sobrevivir. Por mucho que sea un cabrón sabelotodo más duro que una pared de cemento y por mucho que escuches… cosas sobre sus gustos por ahí, Vishous no es tan malo como él mismo cree que es.

Butch se quedó mirando la puerta cerrada, con las dos caras que conocía de V apareciéndosele: una, la del tipo duro como el acero, igual de frío, fan de los nudos marineros con tiras de cuero y que confesaba haber violado a un macho. Otra, el hijo de perra capaz de darle la réplica más desternillante gracias a esa inteligencia suya, la luz personificada cada vez que le curaba, el abrazo fuerte y ese… ese peculiar anhelo que asomaba a veces a su mirada.

Butch tenía la impresión de que, si conseguía pasar del primer V, del cascarón exterior y tocar a ese segundo Vishous, algo iba a cambiar para siempre entre ellos. Y no sabía si estaba preparado.

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11 Re: Amantes Redimidos (+18) el Lun Mayo 02, 2011 4:23 pm

Alexandrine


MODERADORAS
MODERADORAS
Quiero más, quiero más, quiero más... Creo que ésta se va a convertir en mi frase de cabecera aquí Debbie... jajaja Smile



Invitado más allá de la oscuridad, entre las sombras, siempre te estarán esperando...
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"Hasta que tú me encontraste, estaba muerto aunque respiraba. Estaba ciego, aunque podía ver. Y luego tú llegaste... y desperté" Zsadist
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12 Re: Amantes Redimidos (+18) el Mar Mayo 03, 2011 2:16 am

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] jeje... Eso mismo me ocurrio a mi con este fic Razz

Acá dejo un poco más....




Vishous se sentó en la cama impoluta de su ático del Commodore, encendiendo perezosamente un cigarro mientras miraba de reojo hacia su mesa. La sesión había sido dura y sucia, pero las buenas siempre lo eran ¿Entonces por qué se sentía completamente… vacío?

Levantó la cabeza hacia el techo, exhaló el humo y se dejó caer de espaldas sobre la cama. Dejar salir a su monstruo interior, a esa parte de él que exigía dominar y someter en contrapartida por todas las veces que él había sido dominado y sometido, tendría que haberle dejado más tranquilo. En realidad, le había dejado exhausto. Físicamente no porque ya lo estaba, más bien emocionalmente.

Apoyó el antebrazo sobre los ojos, aguantando el cigarro entre los dedos, y aquélla mil veces maldita escena volvió al programa de su cineclub particular. Tendría que haber desviado la mirada cuando vio a Butch y Marissa sobre la cama del hospital a través de los monitores, así se habría ahorrado aquellas fantasías sin sentido donde él ocupaba el sitio de ella.

Tomó una calada. Dios, realmente era un pervertido. Lo malo es que, con su cordura disolviéndose en nanofragmentos, su mente se empeñaba en preguntarse una y otra vez cómo sería tener a alguien que le envolviera así, cómo sería estar con alguien a quien… amara.

Yup, bien, genial. Lo has dicho ¡Lo has dicho, lo has dicho, lo has dicho! La encarnación de la toca cojones de su mente inició un fastidioso baile con aquella musiquilla.

Ahí estaba la raíz del problema. Si sólo se hubiera tratado de deseo sexual hacia Butch -el poli era atractivo, demonios-, V se habría podido ocupar de ello. Tenía aficiones la mar de creativas para desfogar deseos sexuales reprimidos. Pero no. Sus sesiones de BSM no funcionaban porque no se trataba de eso. Amaba a Butch. Tal cual. Podía no gustarle un pelo, no saber qué hacer con eso, podía sentir el impulso de darle una paliza de muerte a su corazón para que dejara de sentirlo, pero eso no cambiaría la realidad un ápice.

Cuando tenía a Butch cerca, no sólo tenía que controlar su cuerpo, también sus sentimientos. Los que había creído que no tenía. Vishous se había pasado casi 303 años manteniéndose lejos de la gente porque era incapaz de ver a las pesonas. Si algo había conseguido su padre había sido enseñarle que los demás eran enemigos o vencidos. Y los humanos no
contaban en el escenario.

Hasta que había aparecido el poli en su vida y todo eso se había ido a la mierda. Por un momento se preguntó si había malinterpretado lo que sentía por Butch, si sólo le quería porque era la primera persona a la que se había acercado tanto, si estaba confundiendo amistad o hermandad con algo más profundo. Luego recordó lo que había sentido cuando se lo habían llevado los restrictores y negó con la cabeza para sí. Maldita suerte la suya, joder. Para una vez que amaba a alguien y tenía que ser otro tío con gustos que estaban en el Polo Sur de los suyos.

Cruzó los brazos sobre el pecho, contemplando las volutas de humo del cigarrillo mientras parecía que alguien le pegaba los párpados con cola. Si solo pudiera dormir y desconectarse de él mismo durante un rato…

Mierda. Oh, sí, mierda.

La pesadilla acudió puntual a su cita, como si la muy HDP fichara para entrar a trabajar. V rebulló sobre las sábanas negras y el cigarro cayó de su mano, por suerte hasta el suelo de mármol. Aquella sensación angustiosa de morir dio paso a la otra peor, a un horrible sentimiento de pérdida,
a algo que le daba pánico

Se levantó de la cama como si alguien le hubiera dado una patada en la cabeza. En la jaula de las paredes negras y cristal ahumado del ático, su respiración parecía una motosierra cortando madera. Mierda, el corazón le palpitaba tan rápido que intentó ponerse las manos sobre el pecho para que no se le saliera.

Necesitaba un trago…ahora.

V se dirigió hacia el bar con unas piernas que parecían de trapo, cogió un vaso limpio y se sirvió un triple de Grey Goose. Tenía el vaso casi en los labios cuando se dio cuenta de que no estaba solo. Se sacó una daga negra del cinturón y se dio la vuelta rápidamente.

-Sólo soy yo, guerrero.

¡Dios! La Virgen Escribana estaba frente a él, envuelta en un manto negro de la cabeza a los pies, con la cara cubierta y su figura diminuta dominando el ático. Por debajo de su manto, un resplandor se reflejaba en el suelo de mármol, tan brillante como el sol del mediodía.

Ah, éste era exactamente el público que V quería tener ahora. Vaya, vaya.

Hizo una reverencia y se quedó quieto, mientras trataba de encontrar la forma de darle un sorbo al vodka en esa posición.

-Me siento honrado.

-Mientes.- replicó ella secamente-. Levántate, guerrero. Quiero ver tu rostro.

Bien, bien, bien. Que le colgaran si la noche no se iba a poner aún más jodida.

OOO

El ZeroSum era el habitual agujero oscuro perfumado con alcohol, sexo y drogas mientras Phury y Butch contemplaban los cuerpos retorciéndose al ritmo del techno industrial desde la mesa VIP oficiosamente reservada a la Hermandad. No habían hablado demasiado en la media hora que llevaban allí, conformándose con la rutina de contemplar al rebaño humano. Butch le dio un pequeño sorbo al Lag.

Dos días más sin que V le hablara. Tío, empezaba a notar culebrillas corriéndole bajo la piel cada vez que el hermano pasaba a su lado en silencio.

Una camarera alargó el brazo entre ellos para dejar otro martín delante de Phury con una sonrisa apreciativa. Butch abrió la boca para meter el dedo en la llaga y decirle, por si se había descontado, que llevaba cinco entre pecho y espalda.

-Échate a un lado, poli.

Phury y Butch levantaron la cabeza al mismo tiempo. V acababa de aparecer frente a la mesa, con los ojos muy abiertos, la cara pálida y el aspecto de haber tenido un accidente pero sin ninguna herida. Se sentó y su chaqueta de cuero se infló, haciendo que los hombros parecieran inmensos. Emanaba una especie de luz suave, como si hubiera conectado el culo a un enchufe. En un gesto poco característico, empezó a repiquetear los dedos en la mesa. Butch frunció el ceño.

-Tienes un aspecto horrible ¿Qué pasa?

Vishous se agarró las manos.

-No quiero hablar aquí.

Paf, tan seco como la caída de una losa. Butch tuvo que emplearse a fondo para que el hijo de perra accediera a largar toda la mierda en la oficina de Revhenge, previa condición de que el maldito mamón estaría allí para enterarse de todo. Cuando V por fin soltó una bomba nuclear sobre algo de una misión encargada por la Virgen Escribana, pequeños Vishous y Elegidas, después de tener que sacarle las palabras a tirones, Butch puso las manos en las caderas y se inclinó hacia él.

-¿Qué vas a ser el qué?

Vishous estuvo a punto de atragantarse con la palabra.

-El Gran Padre. De las Elegidas.

V intentó tragarse el pánico y las ganas de abrir un agujero en la pared mientras vomitaba las explicaciones, sus dos hermanos lo miraban como si le hubiera salido un cuerno en la frente y a Revhenge las cejas se le fruncían tanto que proyectaban sombras sobre sus ojos.

-¿Cuándo?

-Dentro de unos días.

-¿Wrath ya lo sabe?- preguntó Phury.

-Sí.

Mientras V pensaba en lo que acababa de aceptar, sintió que el corazón le latía como un pájaro batiendo las alas para intentar escapar de la jaula. Había aceptado porque no tenía más remedio, porque la Virgen Escribana
había tenido jodida razón cuando había dicho que cinco hermanos no podían proteger a toda la raza. El civil degollado de hacía dos noche era una prueba tan buena como otra cualquiera. Pero el nuevo trabajo en ciernes le estaba matando. Y verle la cara a Butch le mataba más. Casi mejor se callaba lo de la revelación de “soy tu mamá”, no fuera a ser que le diera un aneurisma.

-Escuchad, ¿os molestaría disculparme durante un rato? Necesito… mierda, necesito salir de aquí.

-Iré contigo.- Butch saltó al instante, la sombra fiel.

-No.- V estaba tan fuera de sí que sabía que aquella sería la noche en que podía hacer algo escandalosamente inapropiado-. Necesito estar solo.

Guardó el medallón dorado en el bolsillo trasero de los pantalones y se marchó, en medio del tenso silencio de la oficina. Cuando se encontró a solas en el callejón detrás del ZeroSum, echó la cabeza hacia atrás deseando que el maldito aire de hielo le congelara los pulmones y
todo lo que había en su pecho de una santa vez. Notaba el medallón clavándosele en el culo, el mundo le daba vueltas de puro agotamiento, su instinto le gritaba que fuera a buscar a Butch, lo sacudiera de los hombros y le vomitara todo lo que se había guardado antes de que aquella perra -mama- se lo llevara a su maldita recién adquirida nueva vida que no había pedido.

¿Y exactamente qué coño iba a cambiar eso? Nada. No iba a cambiar una mierda. Por eso se había largado él solo.

Rebuscó en el bolsillo de la chaqueta hasta dar con la pitillera y, cuando la sacó, vio que su mano izquierda tenía Parkinson y que brillaba suavemente. Genial. Ahora parecía una lámpara incandescente.

¿Exactamente cuánta presión podía aguantar un macho antes de explotar?

Ni idea, pero sí sabía que él estaba justo al borde y el pánico accionó la rabia ¿Qué le había dicho su querida mami? Ah, sí. Que no había perdido sus visiones, sólo estaban bloqueadas por su “torbellino emocional”. El miedo a ver lo que su don tenía que mostrarle hacía que él mismo las rechazara como a la peste. Según la psicóloga Luz Brillante, cuando
aceptara sus emociones y fuera lo bastante valiente como para admitir cuál era su peor temor y dejara entrar a esa visión, su bendito don volvería. Estaba, según las palabras de Mamá Amor, en una encrucijada de su vida. Un punto donde todo su aprendido distanciamiento chocaba con las emociones recién descubiertas. Vishous no sabía gestionar las emociones, por eso estaba bloqueado.

Gracias, señora.

De nada, son trescientos pavos por la sesión de terapia.

Según la Virgen de los Cojones, tenía que enfrentarse a su miedo y superar de una santa vez aquello que había provocado semejante crisis emocional para centrarse en su futuro como Follador de Masas ante su augusta
presencia. La imagen de un montón de miniVishous con chupete, tatuajes y
brillando como bombillas alógenas mientras gateaban por el Fade casi le hizo doblarse para vomitar.

Muy bien. Perfecto. Lo haría. Volvería a la Guarida, no bebería una gota, se metería en la cama y se dormiría. Y, cuando llegara la maldita pesadilla, la cogería por las pelotas y se la tragaría de principio a fin sólo para demostrarle a Mamá que no tenía nada que ver con estúpidos miedos.

Le costó varios minutos y un pitillo recuperar la estabilidad necesaria como para desmaterializarse. En cuanto llegó a la Guarida comprobó que Butch
aún estaba afuera y se dio una larga ducha caliente. Alcanzó la privacidad de su habitación justo cuando oyó al poli abriendo la puerta.

-¿Vishous? ¿Estás aquí, colega?

-Me voy a la cama.- gritó lo bastante fuerte como para que le oyera a través de la puerta de su habitación.

Cuando estuvo seguro de que Butch respetaría las distancias, se metió bajo las sábanas negras y dejó caer la cabeza en la almohada con un suspiro. Sólo rogaba -no sabía a qué Dios, pero las costumbres eran difíciles de perder- que nada de aquel sueño tuviera que ver con el poli.

OOO

Butch se quedó plantado con los puños apretados en medio del salón, mirando hacia el corto pasillo que conducía a la habitación de V. Las palabras de Wrath hacía unos días y su propio instinto le impulsaban
a abrir la puerta e intentar hacer algo, lo que fuera, para sacar a V de aquel… aquel estado de histeria-pre-fusión en que estaba sumido, algo que
sacudiera su dura cabezota e hiciera que los dos estuvieran… Bueno, más cerca, joder. Y que borrara aquella estúpida sensación de… ira. O de traición. O de lo que fuera que había prendido como una fogata en su pecho cuando V les había explicado los planes de la Virgen Escribana. Súbitamente, Butch no quería imaginarse a Vishous follándose a todas las Elegidas. Nop, no quería.

La conversación freak que habían tenido hacía unos días en el salón improvisado de tatuaje volvió al presente ¿Qué le había dicho a V? Que era su rahlman, su salvador. Los dos estaban vinculados y Butch empezó a entender que, quizás, de formas mucho más íntimas de lo que había creído ¿Por qué sino tenía ganas de destrozar la mesa de futbolín, de volcar el sofá a patadas, hacer añicos la tele y gritarle a la Virgen Escribana
que dejara en paz a Vishous, que él era…?

Inspiró.

Lo único que le impidió entrar en su habitación y forzar un encontronazo fue la mirada totalmente desolada que había tenido V en el ZeroSum. A veces un hombre necesitaba estar a solas consigo mismo antes de poder compartir la mierda con alguien, si es que acababa haciéndolo. Se pasó la
mano por el pelo castaño, suspiró y se dio la vuelta hacia su habitación. Si V no rompía aquella burbuja aislante en la que se había metido, por Dios que la rompería él mismo aunque fuera a patadas.

OOO

Butch se despertó con el primer grito, sentándose en la cama como si el colchón tuviera un muelle y con los ojos completamente abiertos ¿Qué había sido aquello? A veces los gemidos de V cuando soñaba acababan por sacarle del sueño. Pero el hermano no solía despertarse por aquellas pesadillas, así que, si la cosa no se salía de madre, Butch no se movía de su habitación. Pero aquello había sonado distinto, muy, muy distinto.

Un grito. Tan fuerte que pareció rebotar dentro de su cabeza. Como si a Vishous le estuvieran arrancando el corazón del pecho.

Butch apartó las sábanas de un tirón y se precipitó en bóxers fuera de su habitación con tal ímpetu que esquivó el marco de la puerta de puro milagro. Cruzó la salita de la Guarida a trompicones justo cuando los gritos empezaron a alternarse con jadeos, como si su colega se estuviera ahogando.

-¡V!

Irrumpió en la atestada habitación de su amigo con el corazón como un conejo loco, pero lo que vio hizo que casi le diera un paro. V se había encogido sobre sí mismo, abrazándose, y se convulsionaba como si intentara escapar de un dolor atroz, gritando con los ojos cerrados. Todo su cuerpo desnudo estaba empapado en sudor y aquella maldita mano brillaba como si fuera el faro del infierno, incluso bajo el guante, con el resplandor extendiéndose por toda la piel.

Oh, joder, V, no…

Butch corrió hacia la cama y se dejó caer de rodillas sobre el colchón, hundiéndolo, mientras sacudía a su amigo por los hombros enormes.

-¡V! ¡Despierta!- el hermano sólo gimió, un sonido bajo y sostenido de pura agonía. No, no, no. Volvió a sacudirle hasta que creyó que le había desnucado- ¡Es una pesadilla, despierta, maldita s…!

No llegó a acabar la frase porque Vishous abrió los ojos de golpe: dos pozos incandescentes que parecían despedir la luz del sol, con la pupila del derecho completamente dilatada hasta ocupar todo el iris. V acababa de recuperar sus visiones. Y no eran de Disneylandia.

-Hey, hermano… eh, V… ya pasó, ¿vale? Mírame, V, concéntrate en mí.- Butch apretó aún más sus hombros, manteniendo la mirada fija en aquellos abrasadores ojos desorbitados. Aquello iba a necesitar mucho vodka después.- Eso es, trahyner... vuelve en ti. Vamos, compañero.

La pupila derecha de V se encogió hasta ocupar el tamaño normal y el hermano emitió un jadeo que a Butch le recordó el de las viudas cuando ven el ataúd de su esposo descender hacia la tierra en un funeral. El pensamiento le dio escalofríos.

-¿B-Butch?

Dios, aquella voz rota y aquel temblor no eran de V. Ni siquiera cuando lo había encontrado en la maldita terraza había estado tan mal. Entonces se había odiado a sí mismo. Ahora tenía un ataque de pánico. Butch se sentó en la cama, soltando los hombros de V para pasarle el brazo por detrás de la espalda y atraerlo hacia él. Mierda, temblaba tanto que le oía castañetear los dientes.

-Calma, hermano. Ya pasó.- le apretó contra sí, sosteniéndolo por la nuca y acariciando aquella ancha espalda sudorosa con la mano derecha.

V se quedó rígido por un momento, como si alguien estuviera tirando de su cuerpo en diferentes direcciones, y luego se derrumbó. Los jadeos rotos se transformaron en sollozos, con latigazos en forma de temblores. So-llo-zos. V llorando. Enterró la cara en el cuello de Butch y le pasó los brazos por la espalda, estrechándole con tanta fuerza que al poli se le cortó la respiración.

-No… no se te ocurra… hacerlo, Butch.- las palabras salían en exhalaciones contra la piel del policía mientras V se convulsionaba- ¡No… se te ocurra morirte! No… ¡oh, joder!- tuvo otro espasmo y se apretó contra Butch, completamente desnudo.

Oh-jo-der. Vale. Bien. V había recuperado sus visiones. Que nunca fallaban. Y veía su muerte. Butch sintió un inicial ataque de pánico que no le dio tiempo a desarrollar porque el hermano dejó de abrazarle para cogerle de los brazos con la fuerza de una prensa hidráulica mientras los ojos brillaban como piedras preciosas mojadas.

-¡No puedes aspi-aspirar tantos! ¡NO PUEDES, JODER! ¡¿ME HAS OÍDO?!- V sacudió al poli hasta que el pelo castaño cayó sobre la frente- ¡NO PUEDES SACRIFICARTE PARA MATAR AL OMEGA!- gritó con todas sus fuerzas- ¡No lo permitiré! ¡No dejaré que te llenes de esa-esa mierda! ¡¿ME OYES, BUTCH?!- agachó el rostro un momento, con el pelo tapándole los tatuajes que brillaban en su sien, cuando otro sollozo pareció romperlo por la mitad-. No puedes dejarme.- el grito se convirtió en un murmullo roto-. Eres mi… mi…

Butch había sentido que alguien le abría el pecho en canal de verdad, a lo vivo, sólo dos veces en su vida: cuando había muerto su hermana y cuando Marissa le había dejado. Acababa de sumar una tercera a la lista. Sentados en la cama, apretó a V contra sí, enterrando la cara en su cuello mientras sus manos no se decidían por dónde abrazarlo porque quería tenerlo todo contra él. El rostro de V se apretó contra su cuello, mojándoselo de lágrimas mientras su cuerpo seguía con espasmos. Al final, Butch le cogió el cabello de la nuca en un puño, tirando de él.

-No voy a dejarte, maldito imbécil. No podría aunque quisiera.- la voz le salió como un siseo entre las mandíbulas apretadas-. Incluso cuando estaba con ella, estaba contigo. Joder… no voy a dejarte solo, V, no…

Vishous levantó la cabeza del cuello de su amigo como un resorte, sin deshacer su abrazo porque necesitaba notar su calor. “Incluso cuando estaba con ella, estaba contigo” ¿Eso había dicho? Los ojos avellana estaban entornados, el ceño fruncido, la preocupación y algo más, alguna emoción más… fiera pintada en el rostro duro de Butch. V parpadeó,
completamente descolocado.

Butch moría en sus brazos… Butch intentaba inhalar tantos restrictores que su cuerpo no lo soportaba… su luz no era suficiente para limpiarle… él también moría… pero Butch lo hacía antes que él… en sus brazos. Cerró los ojos con tanta fuerza que los párpados le pincharon.

Entonces pasó.

Butch no supo por qué lo hizo. La conmoción al ver el pozo de desesperación en los ojos de V antes de que los cerrara, el impulso de hacerle notar que él seguía allí junto con algo… algo muy, muy extraño se combinó para que la sangre le hirviera y levantó los brazos para aferrar el rostro de Vishous con ambas manos.

Luego, sus labios se estrellaron contra los de su amigo como un ariete.

V abrió los ojos al momento, como si le hubieran dado un puñetazo, sólo para encontrarse con que no podía enfocar a Butch porque estaba tan cerca de él que le… estaba… besando. Los labios del poli se apretaron contra los suyos y Vishous perdió el mundo de vista.

Abrió la boca para él mientras lo atraía hacia sí. Rodaron por la cama, abrazados, cogiéndose el rostro, los hombros, la espalda como si estuvieran peleando. Gruñendo. Jadeando. Frenéticos. La lengua de V entró en la boca de Butch, buscándole, y, oh, milagro, Butch salió al encuentro. Sus bocas se acoplaron con la facilidad de antiguos amantes mientras se retorcían sobre las sábanas, apretándose el uno contra el otro.

Butch jadeó en su boca cuando sus salivas se mezclaron y las lenguas se volvieron salvajes. Las manos de V estaban en su pelo, tirándole, haciéndole daño, su boca devoraba la suya, su pecho musculoso resbalaba contra el suyo y era como si las piezas del puzzle emocional que los estaba destruyendo a ambos al fin encajaran.

Vishous lo montó, rompió el beso con brusquedad y hundió la cara en su cuello, lamiendo todo el recorrido de su vena mientras le arañaba con los caninos. Butch se arqueó como si le hubiera atravesado un rayo y su sexo se apretó contra los calzoncillos. Gimió, cogió el pelo negro en dos puños, obligó a V a separarse de su cuello y volvió a estrellarlo contra su boca mientras intentaba ponerse encima de él. Sus piernas se enredaron y quedaron tumbados de lado.

V pasó una pierna gruesa por encima de sus caderas, atrayendo a Butch hacia él mientras sus colmillos arrancaban sangre de la lengua del poli. El cuerpo de Butch empezó a entrar en fusión. Apretó las caderas de V contra las suyas mientras su sangre se mezclaba con la saliva… y la
enorme erección de Vishous presionó su abdomen desnudo, humedeciéndolo con el líquido que brotaba de la punta suave.

Oh, Cristo…

Una ola de miedo, puro y duro, se abatió sobre él y empujó a V, pero el cabrón tenía la fuerza de la adrenalina y Butch sólo consiguió rodar hasta acabar encima del hermano. Justo en el momento en que sus más de 100 kilos de peso caían sobre Vishous, el hermano rompió el beso, maldijo y
golpeó a Butch con los dos puños justo en el centro del pecho

¡Pam! Como el impacto de dos tráilers.

El poli rodó y se quedó sentado en la cama, respirando como un fuelle, con una erección dolorosa apretada en los bóxers y una confusión aún más dolorosa campando a sus anchas en su mente ¿Pero qué…?

Vishous se aplastó contra la pared, sentado sobre la almohada, con el pelo cayéndole sobre los ojos, el enorme pecho hiperventilando, la mano brillando como una bola de discoteca bajo el guante y su sexo hinchado luciendo hasta más arriba de su ombligo, sobresaliendo de entre esos tatuajes suyos de las ingles.

Sexo. Todo el tipo desprendía deseo y sexo duro por todos los poros. Del tipo sensual y bestial al mismo tiempo y Butch tembló de los pies a la cabeza. Luego, V bajó la mirada hacia su entrepierna, la alzó hacia él, gimió y forcejeó para cubrirse con las sábanas, manteniendo las rodillas alzadas para evitar que la cosa sobresaliera como una lanza de caballería.

-Oh, joder… -murmuró débilmente.

Palabra ganadora. Cien mil puntos.

Butch se levantó de la cama muy poco a poco, como si no confiara en que sus piernas le sostuvieran, y caminó hacia la puerta con la cabeza gacha, el cuerpo temblando y duro como una piedra bajo los calzoncillos.

Necesito un trago… Uno detrás de otro…



Última edición por Debbie el Mar Mayo 03, 2011 2:30 am, editado 1 vez

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13 Re: Amantes Redimidos (+18) el Mar Mayo 03, 2011 2:16 am

amatista


HUMANO
HUMANO
si al parecer si

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14 Re: Amantes Redimidos (+18) el Jue Mayo 05, 2011 1:03 pm

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
Bueno, espero que hasta acá les haya gustado el fic; @lex, espero que hayas leido el final del 2º capitulo que postie luego de tu mensaje del 2 de Mayo.... Acá va el inicio del 3º capitulo....

CAPITULO 3. SENTIMIENTO SIN NOMBRE


La catedral Saint Patrick de Caldwell era un inmenso espacio vacío de velas temblorosas y silencio indiferente a aquellas horas. El capellán había acabado la última misa y aún estaba recogiendo los trastos del altar. Sus pasos entrando y saliendo de la sacristía era lo único que rompía el silencio en aquella nave de piedra.

Butch O’Neal agradeció el silencio tanto como el descanso de no tener a nadie conocido alrededor. El reposapiés de madera sobre el que estaba arrodillado se le clavaba en las rodillas, pero no hizo caso. Se limitó a permanecer con los brazos sobre el respaldo del banco de enfrente, los dedos cruzados y la vista perdida en el tríptico tras el altar.

No sabía mucho de arte –mierda, no distinguía un Picasso del dibujo de un crío-, pero recordaba haber visto imágenes como aquella cuando su madre lo llevaba a la iglesia en Boston, de pequeño, sólo que ésta tenía una especie de estilo muy moderno, muy Andy Warhol. El Cristo en Majestad, con un libro en la mano izquierda y la derecha con dos dedos levantados.

Yo soy la Luz del mundo. Aquel que me siga no caminará más en las tinieblas sino que la Luz guiará su vida…

Eso representaba aquella imagen, recordó. Suspiró, apoyando la frente sobre los antebrazos mientras la gorra de los Red Sox se le descolocaba un poco. La gorra que había cogido de la mesa del salón de la Guarida cuando había salido huyendo como un conejo en cuanto se habían levantado las persianas metálicas.

La gorra que compartía con Vishous.

Como la Guarida, como el Escalade, como el canal de deportes, como el equipo de béisbol, la lasaña con toneladas de carne, el alcohol caro, sus hermanos, su trabajo, su propósito, sus heridas… Su vida. El 99,9% de las cosas buenas que le habían pasado desde que había dejado de ser detective de homicidios las compartía con V.

Incluso los besos.

Desde aquella mediodía.

Desde hacía exactamente ocho horas y 32 minutos.

Butch se quitó la gorra, frotándose la cara con las manos, y se levantó para sentarse en el banco, volviendo a calársela. Tendrían que lavarla, porque olía a V y a él. Juntos. Lo cual revivía ciertas imágenes que, por cierto, no se habían desvanecido una mierda a pesar de la botella de escocés.

Sabía que estaba siendo un maldito cobarde, refugiándose en aquella iglesia a donde acudía de vez en cuando a rezar por que la oscuridad del Omega no lo devorara, pero no había tenido el valor para arriesgarse a encontrarse con V en la Guarida sin antes haber tenido tiempo para estar a solas con su Épico Lío Mental. Ni con cualquiera de sus otros hermanos, porque seguro como la mierda que todavía tenía los ojos como si hubiera visto un fantasma y el letrero de “sí, me he dado el lote con mi mejor amigo”.

Joderrrrrrrr…

“Darse el lote” no cubría ni la mitad del tema. Se pasó el dorso de la mano por la frente, bajo la visera de la gorra, fallando por enésima vez -en ocho horas y 34 minutos- en evitar recrear aquellos instantes que habían demolido las pocas certezas que le quedaban sobre sí mismo. Que quería a V como un hermano. Que no le deseaba. Que no era gay. Que amaba a Marissa aunque la cosa hubiera salido mal.

Era como si los pilares que aguantaban lo poco que quedaba de la estructura de su personalidad hubieran recibido una carga de C4 en los cimientos y ¡bam! Toda su catedral interior se hubiera venido abajo como un montón de naipes.

Bajo sus ropas de cuero de combate volvió a sudar. Su piel recordó el roce de la de V; sus labios, los de su amigo; su lengua, la saliva y la sangre del hermano; su polla, el roce de la de él contra su abdomen. Y su corazón recordó el torrente de sentimientos galopando como percherones desquiciados que le había impulsado a coger la cara de V y besarle.

Aquel era el punto clave del asunto, reflexionó mientras el cura empezaba a mirarle directamente, con el altar limpio como una patena. Él había besado a Vishous. Él. Y aquel jodido hecho paranormal inexplicable era lo que hacía que ahora estuviera devanándose los sesos en vez de partiéndole la cara a V.

Si hubiera sido Vishous quien le hubiera besado le habría dado una paliza y, probablemente, su relación habría quedado torpedeada en la línea de flotación. Porque el hermano se habría pasado el respeto a los límites de su amistad por el forro de los cojones y él se habría sentido agredido en un punto clave para su orgullo –su único patrimonio-: la masculinidad. Pero no. A pesar de sus sentimientos hacia el poli, a pesar de su estado mental, a pesar de haberse despertado tras soñar que él moría… a pesar de todo, el autocontrol de hierro de V había funcionado.

El suyo, que no había sabido que tenía que ejercitar, no.

El carraspeo del cura le hizo alzar la vista para ver que estaba solo en la catedral. Levantó una mano en señal de disculpa y se levantó, saliendo al aire helado por la puerta principal. Había varias personas que entraban en la rectoría por una entrada lateral, gente que miraba al frente con las manos en los bolsillos y la boca convertida en una rajadura. Probablemente, de los grupos de ayuda que se reunían en la iglesia. Quizás él necesitaba uno de esos –Maricones Anónimos- porque se sentía como si estuviera caminando en la oscuridad a pesar de haber tenido los ojos clavados en el tríptico del Cristo en Majestad durante una hora.

Yo soy la Luz del mundo…

Butch caminó hacia el Escalade con la cabeza gacha y el viento mordiéndole la piel de la cara. Si pensaba en ello, había dos personas que podía asociar con la luz: Marissa y Vishous. Ella había sido la luz de la esperanza al empezar su nueva vida, la posibilidad de tener una vida buena, correcta y digna con una mujer que brillaba como el lucero del alba, lejos de su alcance. Y Vishous… él era la luz que le sanaba, que alejaba la oscuridad de su interior, que le había hecho nacer como vampiro, que le había arrancado de la muerte, que siempre estaba allí con un comentario mordaz que le sacaba pesos del alma.

Hasta ahora, había creído que, como hombre, sólo podía desearla a ella ¿Se había equivocado? Porque la barra de hierro en que se había transformado su polla cuando había salido tambaleándose de la habitación de V le había mandado un mensaje pero bien clarito. Una parte de él, una parte pequeñita y que se había estado sentando en el pupitre de atrás todo aquel tiempo, al parecer deseaba a Vishous. Jódete.

¿Podía castigarla de cara a la pared?

Abrió el Escalade con el mando y se dejó caer pesadamente en el asiento del conductor. Al hacerlo, la tapicería de cuero se hundió con un “puf”, esparciendo olor a tabaco liado a mano. Butch gimió y apoyó los brazos en el volante.

¿Qué era V para él? Otra pregunta para premio gordo. Su mejor amigo, sin duda, y su hermano también. Pero los tíos no llamaban varias veces al móvil de su colega cada noche para saber si estaba bien, ahí en las calles, a veces sólo escuchándose respirar un momento sin decir media palabra. A los amigos normales no les entraban ganas de sacudir por el gaznate a una diosa para que no le jodiera la vida a su colega, ni sufrían instintos extraños de escudar a su amigo cuchillo en mano para que la mierda dejara de salpicarle.

Tal como su propia bocaza había dicho, “incluso cuando estaba con ella, estaba contigo”. Ni el propio Butch entendía a cuántos niveles de “estar” se refería aquella frase que había barbotado su cerebro, pero que le jodieran si aquello no iba más allá de la amistad normal.

El ronroneo del motor acompañó sus interminables círculos cerebrales mientras el Escalade se deslizaba como una enorme sombra de cristales tintados por las calles.

Todos sus pensamientos acababan siempre en el mismo punto muerto: no podía desear a V porque no era gay. Y, si se había excitado como un bate de béisbol, tenía que ser porque besarse -con quien fuera- había puesto en marcha las reacciones químicas normales en el cuerpo de un macho en la flor de la vida vampírica que llevaba un mes de abstinencia. Ajá. Así de simple.

Tenía que patrullar aquella noche, pero había salido huyendo de la mansión en cuanto se había puesto el último rayo de sol, así que aún le quedaba cierto margen de libertad antes de que el resto de la hermandad se pusiera en marcha.

Sin siquiera darse cuenta de lo que hacía, giró por la gran avenida que conducía a las zonas residenciales lujosas en vez de a la calle Trade. Para cuando se dio cuenta de sus actos, se había detenido en la acera de enfrente de la mansión de Marissa y Havers. Acechando entre las sombras. De nuevo. Oh, espera, mierda. Marissa ni siquiera vivía allí. Las cosas con su hermano habían acabado tan mal, gracias a él, que sabía que ella se había mudado. Así que estaba acechando el vacío. Doble premio al patetismo.

Echó la cabeza hacia atrás, sintiéndose atrapado entre algo que no podía tener y algo que no conseguía entender ¿Era demasiado pedir que alguna luz le guiara, por una maldita vez en su vida?

Cuando el Motorola vibró de repente en el bolsillo de la chaqueta, se enderezó tan rápido que el cuello le dio un latigazo. Que no sea V, que no sea V…

No, era Zsadist. Gracias a Dios.

-¿Sí?

-¿Dónde estás?- el hermano era pura simpatía, como siempre.

-Yo… ah, ahora me reúno con vosotros.- se recolocó la gorra y encendió el contacto de nuevo- ¿Vais todos a la calle Trade?

-No. Phury y yo patrullaremos por los callejones. Rhage, V y tú os vais con los pijos. Wrath quiere que averigüemos qué mierda hacían aquellos tres restrictores allí.

Justo entonces Butch cayó en la cuenta de que la voz de Z parecía distorsionada, como si la línea tuviera estática. Carraspeó.

-¿V está contigo?

-Fijo.

Y, claro, no me ha llamado él. Bueno, yo tampoco le he llamado. La noche prometía ser genial de cojones. Podría decirle a Zsadist que Phury y él mismo pegaban mejor en la zona pija y que Rhage, V y Z podían ir a los bajos fondos. Pero aquello sería darle una patada en los huevos a V y, por muy jodido en el coco que estuviera, no podía hacerle eso.

También podía intentar que las cosas volvieran a ser como eran entre Vishous y él, borrando aquella estúpida equivocación inexplicable de su cerebro. Sí, eso iba a ser lo mejor. A fin de cuentas, hoy él estaba sobrio, V no iba a tener pesadillas patrullando y él podía encargarse de su sobreexcitación sexual en la ducha más tarde. No iba a pasar nada y no iba a sentir nada raro cuando se encontrara con Vishous.

-Nos vemos en las puertas de Passion.- Butch colgó el móvil, quitó el freno de mano y condujo de vuelta a su vida con la sensación de que alguien intentaba picar a la puerta blindada de su córtex cerebral para decirle algo importante que malditas las ganas que tenía de escuchar.

OOO

-Esto no es necesario, Marissa. Sabes perfectamente que te notificaré cualquier posible caso de violencia doméstica que llegue al hospital.

El tono de Havers era de educado fastidio mientras se ajustaba las gafas y examinaba los documentos legales que ella le había traído, convenientemente redactados y cubriendo todas las posibles eventualidades. Saxton, el abogado oficioso de la glymera, había sido una gran ayuda en ese sentido. Marissa permaneció donde estaba, apoyada junto a la ventana del gran salón de su casa… no, de casa de su hermano, se recordó. Ella ahora vivía en un coqueto apartamento no lejos del Refugio que estaba creando.

-Sé que lo harías. Pero el Refugio no puede depender de la buena voluntad entre dos hermanos, necesita funcionar como una institución sólida y legalmente intachable esté quien esté al frente.- musitó, sin desviar la mirada de la calle oscura con los charcos anaranjados de las farolas-. Las mujeres y los niños que acuden allí necesitan esa confianza.

Havers miró su elegante silueta durante un momento, sin acabar de entender por qué demonios había cambiado aquellos flotantes vestidos aristocráticos, de auténtica dama de la glymera, por los trajes chaqueta de ejecutiva, o por qué se había cortado la larga melena platino por debajo de los hombros, recogiéndosela en una cola. Bien, no lo entendía pero conocía al causante de los cambios. Apretó los labios en una fina línea y sacó la pluma Montblanc, estampando su firma recargada en cada una de las páginas, junto a la estilizada rúbrica de Marissa.

Aquel convenio no se diferenciaba en nada de las disposiciones legales que regulaban la comunicación entre diversos entes asistenciales en el mundo humano. Si alguno de los médicos o enfermeras de la clínica de Havers detectaba en algún paciente lesiones que podían corresponder a un acto de violencia doméstica, debía informar al director del hospital. Él, en aquel caso. Y el hospital avisaría a la dirección del Refugio, que ofrecería su ayuda a la posible víctima. Algo así como un canal médico-asistente social. Era lógico y de sentido común. Lo que escocía a Havers es que su hermana creyera que necesitaba ponerlo por escrito porque, dado el estado inexistente de su relación, él pudiera sentirse tentado de darle la espalda. Como si el juramento hipocrático no se aplicara entre vampiros.

-¿Ya tienes todo lo que necesitas para que el Refugio funcione?- preguntó él con amargura, como si Marissa lo hubiera usado como un pañuelo desechable.

Ella decidió ignorar el tono.

-El sistema informático aún no funciona. Pero sé a quién a recurrir.- aunque no va a ser agradable.

-Perfecto.- Havers punteó la última firma clavando la pluma en el papel y luego le puso la tapa dorada.

Marissa cerró los ojos, aliviada, al oír aquel sonido. Gracias a Dios. Había tomado aquel camino legal en parte porque, tal como le había dicho, el Refugio tenía que ser una institución sólida, parte de una red asistencial organizada, y en parte porque no confiaba del todo en Havers. No cuando él creía que lo mejor que podía hacer en la vida era volver a vestirse de muñeca de porcelana, intentar regresar a la cajita de la glymera y comportarse como una hembra sumisa para encontrar un hellren de su valía.

De su valía…

Un enorme coche negro, un jeep, apareció rodando lentamente por la calle desierta hasta detenerse junto a la acera de enfrente, justo bajo la luz de una farola. La respiración se le congeló en el pecho. Habría reconocido el Escalade en medio de un depósito de coches idénticos.

Butch.

No podía ser otro, nadie más aparcaría delante de su casa en plena noche, tal como sabía que había hecho durante meses al principio, antes de estar juntos. Apretó la cortina de terciopelo, con la sensación de que el corazón le trepaba por la garganta, amenazando con asfixiarla. Butch no debía saber que Marissa ya no vivía allí y había ido para sentirse cerca de ella, por eso lo hacía, según le había explicado. Los nudillos se le pusieron blancos aferrando la cortina y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Le quería. Todavía le quería ¿Cómo no iba a hacerlo? Si habían acabado mal no había sido por falta de amor, ni porque él la ignorara. Al contrario, Butch la adoraba. Por algún motivo creía que estaba sólo un peldaño por debajo de la divinidad y eso la hacía sentir normal. Apta. Le había dejado -abandonado- porque el camino que Butch había escogido había sido el mismo que el de Wrath: la lucha, la sangre, las noches fuera entre balas y puñaladas.

No podía soportarlo. No podía soportar el tener que contar cada hora de cada noche del resto de sus siete siglos de esperanza de vida para que su hombre volviera a su lado de una pieza. No podía soportar verle llegar apestando a restrictor, ver la maldad en sus ojos, aguantar las náuseas que le provocaba tocarle cuando estaba en aquel estado. Tampoco podía soportar ver el alivio en su mirada cada vez que el hermano Vishous lo envolvía en luz, cada vez que aferraba su mano tatuada, curándole de una manera que ella nunca podría igualar. No, no podía.

¿O sí?

Hacía sólo un año, tampoco había creído que pudiera vivir sola, sin la tutela de su hermano. Que podía construir un lugar donde otras personas podían sentirse seguras, ayudarles a reconstruir sus vidas. No había sabido que tenía aquella fuerza que Butch le había ayudado a descubrir ¿Y si, al final, también tenía la fortaleza necesaria para aceptar que él era un guerrero, que aquel era su propósito en la vida?

Soltó la cortina y se giró hacia el interior del salón, dispuesta a seguir el impulso de salir de la mansión hacia el Escalade. Pasara lo que pasara, no iba a dejar que Butch se quedara con la sensación de que ella estaba allí y no quería verle, como había ocurrido una vez. Casi se dio de bruces con su hermano, plantado a su lado junto a la ventana en silencio.

-Es él, ¿verdad? Ese humano.- siseó.

-No es humano, es un vampiro. Y voy a ir a verle.- Marissa apretó los labios y se pasó el dorso de la mano por los ojos.

-¿No te has humillado bastante ya, conviviendo con él en una mansión llena de machos?- Havers apretó los puños a los lados, sus ojos dos agujas al rojo vivo- ¿Yaciendo con un ex humano de baja ralea que no sabe valorar lo que significa tener una dama de la glymera a su lado?

Los ojos azules de Marissa se estrecharon y su cuerpo empezó a temblar de pura ira. Tuvo que recordarse que era su hermano.

-Butch no me valoraba como una aristócrata sino como una persona. Por eso le quería y aún le quiero. Y ahora aparta.- empujó a su hermano en el hombro, haciendo resonar los tacones al cruzar el salón.

-Te fuiste con él porque es el primer macho que te ha deseado.- susurró Havers, a su espalda-. Te habrías ido con cualquiera que te hubiera dedicado una mirada. Eso no es amar a otra persona, eso es usar a alguien para sentirte mejor.

Marissa se detuvo en seco con la mano en el picaporte de la puerta del salón como si le hubieran atravesado el corazón con una estaca. Intentó respirar por la nariz pero el aire se negó a entrar en sus pulmones. Abrió la boca, aspirando, y el sonido que salió pareció un estertor. Tembló de la cabeza a los pies hasta el punto que creyó que perdería el equilibrio.

Al cabo, levantó la barbilla, apretó los labios y se giró hacia Havers. Caminó con sonoros taconazos hacia la mesita donde estaban los papeles que había traído, los recogió ordenadamente, metiéndolos en un clasificador de piel, y luego recogió su bolso.

-Desde este momento dejo de considerarte mi hermano.- susurró, intentando que no le temblara la voz entre los dientes apretados.

-Sabes que tengo razón.

-¡Cállate!- Marissa rara vez levantaba la voz, pero en aquel momento se sentía como si pudiera gritar durante horas-. No vuelvas a hablarme.- retrocedió hasta la puerta, levantando la mano como si quisiera mantener a Havers a distancia.- No vuelvas a hablarme…

Cruzó el recibidor de la mansión levantando ecos con sus pasos e ignoró por completo a la anciana doggen que intentó despedirla con afecto, rogando por algo de aire frío. Aspiró trémulamente en cuanto salió al exterior, sintiendo que sus huesos se habían vuelto de goma.

El Escalade se había ido, dejando un enorme vacío bajo la luz de la farola.

No era cierto. Las palabras con las que Havers la había abofeteado no eran más de veneno… ¿verdad? Porque ella había amado a Butch desde el momento que le había visto, con su aspecto humano… próximo… cálido. Desde el momento que había visto, asombrada, que ella podía afectarle y que él quería tocarla.

El rumbo de sus pensamientos la horrorizó hasta tal punto que se tapó la boca con la mano para no llorar. Dios, no era cierto. No se habría ido con cualquiera que la hubiera mirado con deseo. No era cierto.

Ella amaba a Butch. Ella era más fuerte de lo que había creído. Y él todavía la echaba de menos, por eso había venido a su antigua casa.

Quizás… quizás aún estaba a tiempo de arreglar las cosas.

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15 Re: Amantes Redimidos (+18) el Sáb Mayo 07, 2011 8:11 pm

amatista


HUMANO
HUMANO

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16 Re: Amantes Redimidos (+18) el Dom Mayo 08, 2011 12:18 am

Alexandrine


MODERADORAS
MODERADORAS
Ahhh.... Amo a estos dos... son todo un caso... Quiero más, quiero más, quiero más...



Invitado más allá de la oscuridad, entre las sombras, siempre te estarán esperando...
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"Hasta que tú me encontraste, estaba muerto aunque respiraba. Estaba ciego, aunque podía ver. Y luego tú llegaste... y desperté" Zsadist
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17 Re: Amantes Redimidos (+18) el Dom Mayo 08, 2011 4:17 am

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
Acá posteo un poco más......




Zsadist miró de reojo a Vishous mientras la llama del encendedor iluminaba su perfil. El hermano dio una profunda calada al cigarro liado a mano, con la vista hacia el cielo. Tenía la misma expresión de iceberg de siempre, la misma inteligencia en aquellos pozos helados que tenía por ojos, y los tatuajes en su sien, que asomaban cuando el aire le revolvía el pelo, le daban la misma apariencia siniestra. Pero a Z le pareció que había algo más a su alrededor. Como si emanara ondas de furia fría y gritara en silencio al mismo tiempo.

No es que Z fuera el gurú de la inteligencia emocional, precisamente, pero había cosas que reconocía a primera vista porque él había tragado la misma mierda durante demasiado tiempo. Conocía esa tensión en el cuerpo, esas ganas de gritar, despellejar y dañar. Conocía esa sensación de tener el cerebro golpeando contra las paredes del cráneo, intentando escapar de la presión.

Es lo que pasaba cuando guardabas un secreto que te comía por dentro, cuando te sentías atrapado sin poder decidir nada en tu vida, como si todo lo que ocurriera escapara a tu control. Cuando estabas pidiendo a gritos que alguien te rescatara pero te decías a ti mismo que era imposible porque no te lo merecías y el cuerpo te dolía sólo de pensarlo.

Sí, Z lo entendía porque él se había sentido exactamente igual cuando había tenido a Bella en su habitación después de traerla de vuelta de aquel agujero infernal.

V parecía estar pasando por la misma mierda que él. Lo del Gran Padre, según le había explicado Phury, tenía que estar jodiéndole cosa mala, pero el hermano era lo bastante duro como pasar por aquello. No, allí había algo más. Algo que, Z apostaría su mano derecha, tenía que ver con el poli saliendo por patas de la mansión sin desayunar. Con V negándose a llamarle por teléfono. Con aquella boca apretada en una línea, las cejas fruncidas y el cuerpo echado hacia delante, tan tratable como un demonio
rabioso.

Podía preguntarle si estaba bien, pero ya se imaginaba cual sería la respuesta y, francamente, sabía en carne propia que no ayudaba. Cuando te sentías como un paquete de explosivos a punto de detonar no ayudaba una mierda que alguien hiciera de terapeuta contigo. No a menos que fuera la persona correcta. Frunció el ceño y desvió la mirada a la puntera metálica de sus botas mientras esperaban a Rhage y Phury en el patio de la
mansión.

-Suéltalo.- la voz de V era como el ladrido de un doberman.

-¿El qué?- bueno, él parecía un rottweiler.

-Lo que sea que estás pensando de mí.- Vishous no se giró hacia él. Le dio otra calada al cigarro y expulsó el aire levantando la barbilla.

-¿Me estabas leyendo el pensamiento?- mierda, eso sí conseguía ponerle como una moto. Su cerebro era el único lugar privado y propio que había tenido en su vida.

-No. Eres jodidamente transparente.-V pateó la grava con el pie.

Zsadist le dedicó una mirada baja y pensativa. V y él nunca habían sido íntimos. Mierda, él no había sido íntimo de nadie, eso estaba claro, y V tampoco había sido el experto en relaciones sociales. Podía intentar partirle la cara por cualquier comentario. Pero Z pensó en Bella y él, en cómo ahora tenía lo que jamás había creído posible. En las veces que había estado a punto de joderlo porque él mismo se había etiquetado como un animal que no merecía nada bueno. No quería ver a uno de sus hermanos caminando por aquel mismo sendero.

-Pienso que a veces nos jodemos la vida nosotros solos. Somos nuestro peor demonio.- hizo una pausa, pensando. Las palabras nunca habían sido sus aliadas, pero V no le interrumpió-. Nosotros nos decimos que una cosa no puede ser en vez de luchar por ella.

Zsadist levantó la cabeza para mirar al hermano y casi siseó. Los ojos de fantasma brillaban en blanco en un rostro de mandíbulas apretadas. V no se había movido un milímetro pero parecía proyectar una sombra enorme.

-¿Me estás dando el sermón del hombre feliz hecho a sí mismo?

Z se encogió de hombros mientras oía las voces de Rhage y Phury saliendo de la casa, intentando contener una reacción agresiva por instinto.

-No, porque no me he hecho a mí mismo. Bella me ha hecho. Pero eso sólo pasa si te dejas. Tómalo o déjalo.

Vishous inhaló el aire por la nariz sonoramente, pero el vozarrón de Rhage cortó en seco cualquier réplica.

-¿Preparados para patear culos? Yo quiero tres para mí, hoy vengo con energías extra.- el rubio movió las cejas arriba y abajo, dando a entender que una cama y su shellan habían ayudado a la recarga energética.

-Voy a vomitar.- V apagó el cigarro en la suela de su bota, se lo guardó en el bolsillo y se desmaterializó.

-¡Espera, cabrón!- Rhage apareció justo al lado de V en el mismo callejón ahogado por los rascacielos- ¡Eh! ¿Qué pasa? ¿Te has quedado sin Goose o las hembras se han hartado ya de tu perilla?

Rhage había empezado a trotar tras la ancha espalda de V cuando el hermano paró, se giró y se acercó tanto a él que sus rostros quedaron a un palmo.

-No-me-jodas.- los colmillos blancos destellaron en el callejón a oscuras y un gruñido sordo trepó por la garganta de Vishous.

-Vale. OK, relaja, hermano.- Hollywood levantó las manos en señal de rendición, cambiando de tono al momento-. Vamos a buscar unos cuantos no-muertos para desfogar ese estrés, ¿eh?- hizo una señal con la cabeza hacia el final del callejón-. Tú primero, amigo. Butch nos debe estar
esperando.

La mención del poli hizo que el helor en los ojos de V aumentara en vez de disminuir, pero el hermano se dio la vuelta y echó a andar hacia la avenida principal con su sucesión de discos techno. Rhage suspiró y meneó los hombros bajo la chaqueta, intentando aflojarse. Él podía tener una bestia de dos metros acechando en su interior, pero maldita la falta que le hacía a Vishous. El hermano se bastaba con esos ojos suyos para freír a alguien cuando tenía uno de sus momentos. Al menos, Butch sería una buena compañía y seguro que animaba a V. Siempre lo hacía.

A dos metros por delante de Rhage, Vishous sabía que se estaba comportando como un pedazo de mierda. Lo sabía, pero la perspectiva de volver a encontrarse con Butch le estaba retorciendo las tripas ¿Cómo coño iba a mirarle a los ojos después de lo que había hecho? La mayor parte de la noche anterior había sido niebla, pero recordaba perfectamente cada detalle de su visión, recordaba el dolor en el pecho, las lágrimas de mariquita, la sensación de quemarse, de fracasar. Y la gloriosa unión de su boca con la de Butch, de su pecho contra el del poli, de sus colmillos en el cuello del irlandés. De ambos besándose como si fueran a arrancarse el alma entre las sábanas, a fundirse con el cuerpo del otro en busca de consuelo; una escena salida de sus fantasías más calientes… y recordaba muy bien la mirada aterrorizada de Butch desde el otro lado de la cama al ver que su polla estaba dura como el acero entre las piernas.


Vishous se despellejó interiormente a lo vivo por enésima vez en aquellas nueve horas y 10 minutos transcurridos desde el momento de autos. Había pasado el resto del día tumbado en su cama sin moverse. En la misma maldita jodida postura durante horas, mirando el techo en completo silencio mientras alguien le cortaba el corazón por la mitad con un cuchillo oxidado. Una mitad recordaba una y otra vez la fantasía hecha de realidad de tener a Butch entre sus brazos como un amante y de la pasión violenta que había demostrado, como si –oh, milagro- el poli le deseara. La otra mitad era una imagen en “pausa” del rostro de Butch al darse cuenta de lo que había hecho Vishous. Al final, la primera mitad se había reducido a cenizas y en su pecho sólo quedaba una porción de su corazón rezumando culpa, odio y asco por sí mismo.

No era de extrañar que el poli se hubiera largado de la casa en cuanto se había puesto el sol. Ahora la pregunta era cuánto tardaría en irse de la Guarida o, peor, en alejarse de V. En decidir que no quería tener a cerca a un pervertido de mierda como él. Que le jodieran a Zsadist ¿El peor enemigo es uno mismo? Sí, por creer que tendría más fuerza de voluntad.

Vishous se abrió paso entre la marea de cuerpos agrupados en la acera frente a las discotecas de moda sin importarle si los humanos saltaban como chinas mientras Rhage le iba a zaga con la boca cerrada, a Dios gracias. Al cabo, supo que tenía a Butch enfrente sin necesidad de levantar la cabeza del suelo. Todo su cuerpo tintineó como si le hubieran rociado con polvitos mágicos.

-Eh, poli.-Rhage alargó el brazo, cogiendo a Butch por la muñeca-. Me alegro de verte. Vishous parece que ha comido limones hoy, espero que seas mejor compañía.

-Ya.- Butch carraspeó, guardó silencio, bajó la mirada y señaló con el brazo toda la calle- ¿Vamos?

Hollywood parpadeó y paseó la vista entre los dos ¿Pero qué cojones pasaba allí? Butch comenzó a caminar delante de él con la cabeza baja, como si quisiera meterla dentro de la chaqueta de cuero y desaparecer. V echó a andar detrás de Rhage, con la cara girada hacia la otra acera. En completo silencio. Cuatro metros después, el hermano rubio se paró en
seco, con las piernas abiertas.

-¡EH! ¡GRANDÍSIMO PAR DE IMBÉCILES!- gritó tan alto que Butch y V frenaron con un respingo, girándose a mirarle con los ojos como platos, igual que dos grupos de humanos- ¿Qué coño os pasa? ¿Os habéis
estado follando y alguien no ha dado la talla o qué?

Oh, mierda. Oh, vale, se había pasado ¿Por qué se lo tomaban tan en serio?

Butch y V sisearon al mismo tiempo, mirándole como si quisieran atravesarle con una lanza de caballería. Los dos dieron un paso hacia él, amenazantes como dos obuses nucleares. Aquello hizo que sus trayectorias confluyeran, los dos acabaran uno delante del otro y sus miradas se encontraran. El botoncito de “replay” volvió a saltar en sus mentes, a pesar
de sus buenos propósitos.

Butch jadeando en la boca de V cuando sus salivas se habían mezclado y las lenguas se habían vuelto salvajes. Las manos de V en el pelo de Butch, haciéndole daño, su boca devorando la del poli.
Vishous rompiendo el beso con brusquedad, montando a Butch y hundiendo la cara en su cuello, lamiendo todo el recorrido de la vena mientras le arañaba con los caninos. Butch arqueándose como si le hubiera atravesado un rayo y su sexo apretando contra los calzoncillos.


Los dos desviaron la vista del otro al momento, sudando en plena noche helada de diciembre. Butch volvió a entonar el mantra de “no me ha gustado, no soy gay” y Vishous el de “soy un degenerado de mierda”. Se aclararon la garganta, se ignoraron el uno al otro y a Rhage y empezaron a
caminar a una prudente distancia.

Hollywood los contempló con la boca abierta ¿Pero qué cojones había pasado entre ellos?

¿Y cómo mierda se suponía que iban a aguantar toda una noche patrullando los tres juntos?

OOO

El sr. D mascó una ramita de regaliz con el sombrero vaquero bien calado y encogido en el asiento del viejo Ford. Algo bueno tenía que tener ser bajito y esmirriado, pensó. Nadie solía fijarse en él y nadie lo catalogaba como un peligro hasta que era demasiado tarde. Y, con los cristales del coche bien cerrados para mantener su olor a buen recaudo, los vampiros tampoco.

Mierda, las últimas semanas habían sido un caos en la Sociedad
Restrictora, desde la muerte del último Primer Restrictor a manos de aquel tipo salido de una profecía. La existencia de un vampiro, ex humano para más señas, que podía aspirarte hasta reducirte a cenizas había sembrado el pánico entre tipejos que, normalmente, sólo se asustarían ante el Omega.

Desde entonces, aquel puñado de asesinos se había ocupado, en gran parte, de proteger sus propios culos. Lo cual era una inconveniencia, pensó D mientras observaba el rebaño humano de niñatos engominados entrando y saliendo de discos pijas. Porque muchos, incluido él, se habían enrolado en la Sociedad Restrictora porque les daba la excusa perfecta para
salir a matar todas las noches. Como simples humanos era más complicado dar rienda suelta a sus impulsos: había que buscar cuidadosamente la presa humana, calibrar los posibles líos con la poli y ocultarse a temporadas para evitar el trullo.

Cazar vampiros era más sencillo y más gratificante. Pero si nadie ponía orden en la Sociedad se le iba a acabar el chollo, porque los vampiros les cazarían como hienas, especialmente aquellos malditos hermanos. D, como la mayoría de restrictores, no conocía cómo se organizaba exactamente la raza vampírica, pero sí sabía que había una especie de nobleza, civiles y aquellos armarios con patas armados con dagas que eran los hermanos.

Así que el plan era aplastantemente simple: si quería que los restrictores dejaran de huir como ratas había que dar un golpe que descabezara a los vampiros para equilibrar la balanza. Eso se conseguiría sembrando el caos en la nobleza dirigente y reduciendo a polvo a los hermanos ¿Difícil? Sí, si los restrictores se limitaban a su plan habitual de patrullar por los bares de mala muerte y dar caza a cualquier civil que les pasara por delante.

Pero, con un poco de planificación, las cosas podían cambiar.

Había enviado a tres de sus subordinados -lo “de confianza”, mejor obviarlo- a rastrear la zona alta de la ciudad. Los jóvenes vampiros civiles solían salir por la calle Trade, por garitos como Screamer’s o ZeroSum. Pero matar civiles no sembraría el pánico entre las clases dirigentes.
En eso, los vampiros no eran diferentes de los humanos. Había que averiguar por dónde salían los cachorros de la nobleza. Caldwell no era una ciudad tan grande en lo que a buscar diversión se refería. Los vampiros aristócratas que querían salir de noche sin mezclarse con la plebe -en eso también eran calcados a los humanos- sólo podían hacerlo en un sitio: en las discotecas y los bares musicales del centro. El señor D supuso que también se celebrarían fiestas exclusivas en locales privados, pero aquello seguro que no era la rutina para los vampiros nobles que acababan de pasar la transición.

Los informes que le habían traído sus tres restrictores habían confirmado su suposición: los asesinos habían localizado en el centro al menos un grupito de vampiros que, por la ropa que llevaban y la pasta que movían, sólo podían pertenecer a las altas esferas. Había costado convencerles de que no debían matarles aquella noche, sólo observar, y aquello había dado otros frutos, digamos, colaterales.

Identificar a los hermanos en los garitos de baja estofa de la calle Trade no era fácil. Eran grandes, parecían salidos de un gimnasio y vestían de cuero. Justo como el 80% del público humano. Pero en aquel ambiente de Kens y Barbies con ropa de Tommy Hillfiger destacaban como una mancha de sangre en la nieve. Los hacía más fáciles de cazar.

Inesperadamente, la trampa había funcionado la primera noche. Sus tres restrictores no sólo habían confirmado que el centro era el lugar de reunión de los jóvenes nobles sino que se habían topado de bruces justamente con el vampiro que poblaba sus pesadillas. Aquel ex humano aspirador de no-muertos. Era el único soldado vampiro del que tenían la descripción.

Sus tres muchachos habían ido a por él como coyotes, no porque fueran más valientes que el resto, sino porque el tipo había estado borracho como una cuba. Y eso siempre animaba a la hora de una carnicería. El ex humano vestía de civil, pero el tipo enorme con perilla y ojos de Casper que había acudido a su rescate no. Encajaba perfectamente con el
estereotipo de un hermano.

Salid, salid a la luz. Dejad que os vea…

D asomó un poco la cabeza por la ventanilla del Ford, aparcado justo en la esquina del callejón donde había tenido lugar el encuentro entre sus asesinos y aquellos dos hermanos hacía unas noches.
Volverían, lo sabía. Tendrían curiosidad por saber qué hacían tres restrictores tan lejos de su territorio de caza habitual. Y él podría identificarlos en medio de la multitud de niñatos como si llevaran una diana en la espalda.

Hablando del demonio…

Una sonrisa lenta y perversa estiró una de las comisuras de su boca hacia arriba mientras se sacaba el regaliz. Bingo.
Tres tipos vestidos de Rambo que le sacaban dos cabezas a los humanos medios apiñados en las puertas de los locales aparecieron en su campo visual.

Uno era el ex humano, lo reconoció al punto y no sólo por su aspecto. Había algo en él que los hermanaba. Otro debía ser el tipo de la perilla que había acudido en su ayuda. Y el tanque rubio que los iba mirando por turnos llevaba el cartelito “Hermano” colgado del cuello.

Caminaban como si pasearan por su granja, ajenos a las bestias humanas a su alrededor, con la agresividad contenida propia de los guerreros en busca de un objetivo. Dios, iba a disfrutar acabando con ellos de uno en uno.

Primero tenía que darles un motivo para que siguieran patrullando por aquella zona y no volvieran a desaparecer en la calle Trade. Sacó el walkie-talkie para dar instrucciones detalladas a dos de sus hombres, que aguardaban cerca de allí: dejarse ver entre los humanos y que los vampiros los localizaran para luego meterse en el coche y salir pitando sin dar oportunidad a que estallara una pelea.

Los hermanos volverían otra noche para seguir investigando qué se les había perdido a los restrictores por allí. Y, ahora que sabía quiénes eran, D podría colocar sus trampas de cepo.

El señor D metió la primera y el Ford se internó en los callejones como un espectro invisible. El primero al que había que separar del grupo, como los perros de caza con un zorro, era al ex humano.

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18 Re: Amantes Redimidos (+18) el Dom Mayo 08, 2011 4:28 am

Alexandrine


MODERADORAS
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Wiiii... Quiero más, quiero más, quiero más... Me estoy haciendo adicta...



Invitado más allá de la oscuridad, entre las sombras, siempre te estarán esperando...
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"Hasta que tú me encontraste, estaba muerto aunque respiraba. Estaba ciego, aunque podía ver. Y luego tú llegaste... y desperté" Zsadist
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19 Re: Amantes Redimidos (+18) el Dom Mayo 08, 2011 4:42 am

Debbie


PRE TRANS
PRE TRANS
OK!.... Acá dejo un poco más!......




Butch trasteó en el armario de los platos de la cocina de la Guarida en busca de una taza de café medianamente limpia. Tío, algún día tendrían que dejar que Fritz y su ejército hicieran limpieza a fondo en su casa, sino iban a acabar bebiendo de un florero. Se remetió la toalla que le cubría de cintura para abajo, asegurándose que seguiría en su sitio, y se sirvió un vaso de café negro. Sin azúcar.

Echó la cabeza hacia atrás y se bebió la mitad de golpe, pegándose el sabor acre a la lengua y al paladar. Iba a necesitar mucha cafeína para soportar aquella noche. La anterior había transcurrido justo como los tres hermanos temían: en silencio, con los labios apretados, miradas esquivas y sin una pelea que les distrajera. Sí, habían visto a dos restrictores, pero que es desollaran si sabían por qué los hijos de puta habían dado media vuelta y habían huido en coche como alimañas. Estaba claro que aquellos malnacidos tenían un interés especial en lo que se cocía en aquella parte de la ciudad y los hermanos iban a tener que averiguar qué era antes de que la cosa acabara en carnicería.

Una hora antes del alba, V se había desmaterializado de vuelta a la mansión sin decir ni pío y Rhage se había quedado para acompañarle en el Escalade con la misma cara de pero-qué-coño que había lucido toda la noche. Al entrar en la Guarida Vishous ya estaba encerrado en su habitación. Las notas graves de 2Pac a toda hostia rebotaban por las paredes y el suelo, convirtiendo la Guarida en una locomotora vibrando con el freno de mano puesto.

Y ahora… Mierda, otra vez fuera de rotación. Él y V. Los dos odiaban quedarse como amas de casa mientras los demás gastaban las suelas de las botas en la calle, pero antes solían encontrar distracciones: jugar al futbolín, tirarse cosas a la cabeza, buscar guarradas por Internet, ver pelis de tiros, hacer pesas o simplemente reírse de cualquier gilipollez que dijera el otro.

Antes.

Antes de que el ambiente entre ellos llegara a un punto de no retorno que dolía como el infierno. Butch contempló cómo le resbalaba una gotita de agua desde el pelo al vaso de café y formaba diminutas ondas. El beso de la otra noche había creado un maremoto entre ellos, sacudiéndoles como una muñeca de trapo. La técnica de hacer ver que no había ocurrido no había funcionado ni lo de creer que V no le provocaría escalofríos a partir de ahora. Y el intento de analizar las cosas con fría lógica menos, al menos por su parte. Sólo le había dado un dolor de cabeza épico.

-Se te va a enfriar el café.

La voz grave de V justo detrás de su nuca hizo que Butch derramara la mitad del café restante en el suelo.

-¡Hostia puta!

Dejó el vaso en el mármol, cogió un trapo y se agachó para secar el lío. Justo al hacerlo, recordó que sólo llevaba una toalla y que, si se movía demasiado… Mierda. Intentó coger el trapo y levantarse asegurándose la toalla como un Frankenstein descoordinado. Acabó por girarse hacia V con el pelo en la cara y aguantándose el cierre de la toalla con las dos manos. El hermano iba vestido de los pies a la cabeza exactamente como siempre, de cuero y con una camiseta ceñida que marcaba el relieve de sus abdominales. Butch se quedó mirando aquella sucesión de músculos y trepó por ellos hasta llegar a la cara de su compañero. Parecía tallado en mármol. El poli carraspeó.

-No te había oído.

El silencio se instaló entre los dos en la minúscula cocina. El silencio, las miradas prendidas el uno en el otro, las respiraciones más aceleradas y el calor en la piel. Vishous se acercó a Butch lentamente, con la vista fija en sus ojos como una enorme pantera, sin hacer ruido, parándose tan cerca que sus cuerpos quedaron separados por un suspiro. Una lengua invisible de calor se expandió por la piel de Butch, de la cabeza a los pies, poniéndole los pelos de punta, la boca seca y tensando todos sus músculos de cintura para abajo. Todos.

V alzó el brazo izquierdo y el corazón de Butch abrió un agujero en su pecho para gritar que se acercara más, sólo un poco más. Sus pechos se rozaron un segundo, mientras Vishous se ponía de puntillas para alcanzar el armario que Butch tenía detrás… luego se retiró con una botella en la mano.

Butch parpadeó muy rápido varias veces. Miró la botella. Miró a V, que torció la perilla en un gesto irónico, y el irlandés suspiró con fuerza, asustado de la intensidad con la que había anticipado… lo que era inconcebible que deseara.

V oyó el suspiro del poli y sintió una lanza clavársele en un costado. Así que Butch pensaba que no podría contenerse de volver a besarle ahora que estaban los dos a solas y suspiraba de puro alivio al ver que no había pasado nada, ¿no? No puedo soportar esto, no puedo soportarlo. Vishous se pasó la mano enguantada por el pelo y se dio la vuelta, escondiendo su expresión. Su madre había tenido razón, la muy hija de perra. Él se guiaba por la lógica, por la razón, y las emociones le destruían. Sabía pensar, no dejarse llevar por los sentimientos, y ahora que su parte emocional se había desbocado era como si le estuvieran desmembrando. Le hacía sentir débil, dominado, atrapado.

Supo exactamente qué iba a hacer en su noche libre.

-Me largo.- proclamó, de espaldas a Butch-. Asuntos privados.

El irlandés permaneció en la misma postura, con el trasero apoyado contra el mármol de la cocina y las manos agarrando el borde, durante el rato en que V tardó en coger sus cosas, hacer una llamada por el móvil y salir de la Guarida. Luego caminó hasta el salón y se dejó caer en el sofá de cuero como un peso muerto, escondiendo la cara entre las manos.

¿Qué coño pasaba en su cerebro para haberle hecho desear que V le besara? ¿Qué nuevo chip le habían insertado para que la cercanía del cuerpo de su amigo le hubiera dejado sin aliento? No lo entendía. Butch, simplemente, no lo entendía ni sabía qué hacer consigo mismo ni con V. El corazón todavía le latía como un concierto de rock, mierda.

No supo cuánto tiempo pasó en la misma postura, los brazos sobre los muslos, la cabeza gacha, dejando ir un suspiro de vez en cuando. Intentando entender sin conseguirlo. Cuando alzó la vista, el reloj de la tele de plasma, encendida sin volumen, marcaba las 3 de la madrugada.

Llevaba horas dándole vueltas al porqué sin sacar nada en claro excepto una mísera cosa. Daba igual lo que él entendiera o no entendiera. No podían dejar aquello así entre ellos, matándoles poco a poco, tenían que hablarlo. El problema era qué decir ¿Butch tenía que pedirle perdón a Vishous por haberle besado? Quizás, pero no creía que a V le hubiera parecido una agresión teniendo en cuenta sus… ah, sentimientos ¿Tenía que explicarle por qué lo había hecho? Perfecto, si lo supiera ¿Tenía que alejarse de V? Joder, con sólo pensarlo sintió una oleada de pánico.

-Mierda.

Jurar entre dientes no iba a ayudarle. A lo mejor algo de viento frío en la cara sí. Conducir siempre le había ayudado a pensar y no creía que V se hubiera llevado el Escalade. “Asuntos privados” quería decir cita con las esposas y para eso podía desmaterializarse a su ático. Asuntos privados… Aquella escena que había visto sin querer, con Vishous dominando a aquella hembra –follándosela- volvió al presente y el cuerpo de Butch se tensó por algún motivo desconocido. Apretó los dientes y cerró los puños, reprimiendo las ganas de gritar sin saber por qué.

Furioso consigo mismo, fue a su habitación y se vistió, por una vez, de forma mecánica. Traje negro de rayas diplomáticas grises, camisa blanca, gemelos de plata, corbata gris, zapatos italianos negros, abrigo de cachemira gris. Fácil y sin necesidad de pensar.

Salió de la Guarida con las llaves del Escalade en la mano sin siquiera acordarse de desayunar, ahogándose en su propia piel. Se tomó un momento para respirar el aire helado en el patio y detectó una figura por el
rabillo del ojo. Bella. Envuelta en un poncho de lana marrón con el cabello
caoba ondeando alrededor de sus hombros, de pie en los escalones que daban a la entrada principal. Desde la distancia, con los brazos cruzados sobre el poncho, su vientre abultado era imperceptible. Butch frunció el ceño y se acercó a ella a paso tranquilo. Podía estar hecho un lío, pero su instinto de poli siempre cogía las riendas ante la presencia de una víctima potencial de lo que fuera. O, quizás, necesitaba una distracción de estar dentro de sí mismo.

-Eh.- saludó ella al verle, apartándose el pelo de la cara con una pequeña sonrisa.

-Bella… Hace frío aquí fuera ¿Estás bien?- miró hacia arriba para comprobar que ella estaba a cubierto del porche, al menos, y que la fina mollina que caía no la estaba mojando-. Creí que sólo podías levantarte…

-… una hora al día, sí.- ella suspiró y se arrebujó más en el poncho-. Pero quería despedir a Zsadist.

Aquellos ojos azul marino se perdieron en la distancia, como si pudiera seguir lo que hacía su hellren en las calles por GPS. Butch apoyó la espalda contra una columna, a su lado, y metió las manos en los bolsillos.

-¿Preocupada por Z?- preguntó con voz ronca.

Claro que estaba preocupada, ¿cómo no iba a estarlo? Ellos eran soldados que siempre estaban en primera fila, básicamente porque no había ninguna segunda. Por eso Marissa le había dejado, porque no quería tener que vivir el resto de su vida con esa angustia, con la sangre y las heridas.

Bella asintió.

-Preocupada porque, si a mí me pasa algo por el bebé –se acarició la barriga bajo el poncho-, eso le mataría. Da igual lo fuerte que sea Z, si yo me… si algo me ocurriera le mataría.- suspiró.

Butch se giró para mirarla, parpadeando. Había asumido que ella sufría por la seguridad de Zsadist, no porque el hermano pudiera acabar desquiciado si a ella le pasaba algo malo a causa del embarazo. Aquel peculiar giro alejó su pensamiento de Marissa y lo centró en lo que decía Bella.

-Es raro, ¿verdad? -continuó ella-. Que tu pareja sea un guerrero poderoso y que tú tengas esa presión para cuidarte, para mantenerte a salvo, porque sabes que, si te ocurriera algo, le destrozaría. Es como estar unidos por un hilo que no se ve.

Por primera vez en once horas, Butch pensó en lo ocurrido la noche anterior al margen del beso. En la visión de V donde él moría en sus brazos por aspirar demasiados restrictores. No le había dado demasiada importancia porque la faenita con lengua de después casi había borrado aquella escena, pero también porque, en el fondo, Butch siempre había sabido que moriría así. Por eso iba a la iglesia a rezar. Lo único que le preocupaba de aquel fin era que su alma llegara al Otro Mundo llena de maldad y lo que su muerte podía hacerle a V.

En aquel momento, entendió a Bella.

Vishous le hacía vulnerable porque, no sólo temía por que el muy hijo de puta volviera de una pieza todas las noches, sino que le forzaba a preocuparse por sí mismo por el simple motivo que no quería que V sufriera por él, por muy guerrero que fuera. Tal como decía Bella, estaban unidos por un hilo invisible, extraño, que ataba la felicidad de ambos. Exactamente como si V fuera su shellan… o su hellren. O lo que mierda fuera.

-Te has quedado muy callado.- susurró ella con una sonrisa, dándole un suave codazo en el brazo-. No quería fastidiarte la noche libre con mis tonterías.

-No lo has hecho. No lo has hecho en absoluto.- frunció el ceño-. Bella, ¿puedo preguntarte algo… personal? No tienes por qué contestar y puedes enviarme a la mierda y pegarme si quieres, ¿vale?

La hembra rió, asintiendo.

-Dispara.

-Cuando… cuando conociste a Zsadist.- rebulló dentro del abrigo, incómodo-. Cuando decidiste que querías… ah, estar con él.- pateó una piedrecilla, dándole vueltas a las palabras-. No pretendo ofender, quiero a Z como a mi hermano, ¿vale? Pero, parecía, bueno, una elección peligrosa. No sé si alguna vez pensaste que podrías acabar con un macho como él. Mierda, soy un desastre con esto.- alzó la vista al cielo nublado- ¿Cómo te diste cuenta de que le… um, deseabas si él no era, no era…?

-¿No era el macho con el que yo soñaba de niña?- acabó Bella por él. Butch asintió sin mirarla y ella se le acercó en busca de calor. El poli le pasó un brazo por los hombros, con sumo respeto-. Porque una cosa son nuestros sueños de cuentos de hadas y otra es lo que la vida real nos ofrece. Y porque, cuando se trata de sentimientos, esto… -sacó una mano de debajo del poncho para señalarse la cabeza-… no pinta nada. Todo lo que la mente te pueda decir es palabrería barata. El cerebro te habla de lo que sería apropiado o no, de lo que es aceptable para tus circunstancias. Pero, en realidad, en cuestión de sentimientos, sólo importa lo que dice esto…- se dio unos golpecitos con un dedo sobre el pecho-. Lo que el corazón te dice sobre las sensaciones que te provoca una persona es la verdad. A veces cuesta aceptarlo porque dejas que la lógica se meta por en medio.-apoyó la cabeza contra la lana del abrigo de Butch-. Creo que, en cuestión de emociones, tenemos que ser sinceros con la otra persona. Y eso quiere decir escuchar el corazón.

Permanecieron un rato en silencio, con la vista en el patio vacío y en las hileras de coches aparcados. Un agujita empezó a clavarse en el pecho de Butch, una agujita fina e insistente que le dijo que le estaba faltando al respeto a Vishous. Porque todavía no había tenido valor para decirle la verdad sobre anoche. Y no lo había hecho porque su cerebro había insistido en que aquella verdad era imposible, dado sus gustos sexuales y su situación emocional.

Suspiró por encima del pelo de Bella. Si se plantaba en el ático de V a hablarle con total sinceridad se pondría él mismo al borde de la caída, de una situación que no sabría cómo manejar ni a dónde podría conducirlo, o si quería que le condujera a alguna parte. Pero Bella tenía razón. No había conseguido llegar a ninguna conclusión porque había intentado pensar cuando lo que tenía que hacer era prestar atención a lo que su corazón y su cuerpo habían sentido. Ella reprimió un temblor y Butch bajó la mirada para dedicarle una mirada severa. Bella alzó la mano.

-Lo sé. Fin del tiempo de congelarse en el patio. Vuelve a tu habitación, métete en la cama y pídele a Fritz un chocolate caliente.

-¿Cómo demonios sabes lo que iba a decirte?- Butch enarcó las cejas.

-Porque es lo que diría un caballero.

Bella le dedicó una sonrisa que arrancó brillos de sus ojos y le saludó con una mano antes de entrar en la mansión y cerrar la puerta. Butch meneó la cabeza y echó a andar hacia el Escalade, con mariposas en el estómago.

Sinceridad. Aquella era la cuestión. V y él siempre habían sido sinceros el uno con el otro.

Pero que le colgaran por las pelotas si lo que le iba a decir no le asustaba como la mierda.

OOO

John Matthew llegó a la conclusión de que comprendía muy bien cómo se sentía una hormiga cuando intentaba moverse por el mundo sin que los pies de los gigantes humanos la aplastaran.

Coincidía 100% con cómo se sentía él últimamente cuando tenía que cambiarse en el vestuario del gimnasio de la mansión después de cada sesión de entrenamiento.

Un grupito de cuatro de sus “compañeros” salió de las duchas luciendo cadenas de oro, tatuajes recién hechos, sexos del tamaño de los de un macho normal, altura y músculos. Y, sobretodo, chulería.

-Eh, ¿hace Passion esta noche? Aquí hay algunos que tenemos que celebrar que somos machos.- Rahg soltó una risa de perro, coreada por los chupapollas de sus colegas, mirando de reojo hacia el banco más alejado de las taquillas mientras empezaba a vestirse- ¿Creéis queexisten vampiros incapaces de pasar por el cambio? Y yo que pensaba que
era una leyenda urbana…

John le miró de reojo a su compañero mientras acababa de atarse las bambas, intentando hacerse pequeñito y fundirse con el paisaje de los vestuarios. Cosa que iba a ser decepcionantemente fácil porque, de todos los chavales allí presentes que se entrenaban con la Hermandad, él era el único pringado que seguía pareciendo un insecto palo. Cómo no…Quizás era cierto lo que decía Rahg y algunos no conseguían transformarse en machos jamás. Volvió a desviar la vista a sus pequeñas zapatillas deportivas.

-Es un gilipollas.- murmuró Qhuinn, tan enorme como un armario de cuatro puertas, cerrando la taquilla de golpe.

El ruido hizo que el vampiro se girara hacia él. Rahg era el mejor amigo de Lash, en el supuesto de que Lash supiera distinguir un amigo del cubo de la basura. Igualitos que Banner y Flappy. Reía sus gracias, salía de marcha con él, tenía la misma asquerosa cantidad de pasta para gastar, el mismo gusto con la ropa… y compartía la misma afición por meterse con John. Era algo así como el entrenador suplente cuando Lash no estaba, como aquella noche.

Rahg se puso una chaqueta de cuero negro con gesto de perdonavidas y se ajustó la enorme hebilla del cinturón CK antes de echarse al hombro una bolsa de deporte de piel. Era rubio y llevaba el pelo engominado de punta en la coronilla con un mechón largo lacio tapándole el ojo izquierdo. De las orejas le colgaban dos cruces invertidas. Se acercó a Qhuinn con un contoneo de pura chulería. Mierda, pensó John, agachando la cabeza, la
transición le había hecho el mismo favor que a todos los demás, menos a él. Aquel cretino medía más de metro ochenta.

-Eh, Qhuinn, te invitaría a celebrar que todos somos machos peeeeero… -chasqueó la lengua e inclinó la cabeza, mirando de reojo a John-… creo que en tu grupito de amigos alguien sigue siendo una niña ¿Quieres dejar a Johnny con mi hermana pequeña? Seguro que pueden jugar a muñecas.

Qhuinn echó el pecho hacia delante y Blaylock se levantó de golpe del banco donde estaba sentado, al lado de John, cuadrando los hombros junto con su amigo. Los dos formaron un muro que proyectaba una sombra enorme sobre él.

-Vamos a dejar esto ahora mismo.- advirtió el pelirrojo con una voz baja que parecía hacer ecos en su garganta-. Lárgate a donde puedas empaparte el cerebro en mierda suficiente hasta que tengas alucinaciones.

-Bueno, los hay que no tenemos que pedir permiso a mamá para salir a vivir la vida ¿Eso te jode… Blay?

Rahg mantuvo una amplia sonrisa chulesca de medio lado mientras hacía una seña con la cabeza a su grupito y todos salían de los vestuarios, poniendo buen cuidado en pasar lo bastante cerca de John como para
que pudiera apreciar que eran como Hulk comparados con el ratoncito Pérez. Cuando la puerta de los vestuarios se cerró con un estrépito metálico, Qhuinn gruñó.

-Algún día les partiré la cara, a él y a Lash. Son una panda de soplapollas esnifadores de coca. Estaría de puta madre que los Hermanos se enteraran de sus aficiones. Apuesto diez pavos a que no duraban ni una noche en el programa.

John se encogió de hombros, dando a entender que no tenía puñetera importancia que se metieran con él porque eso es lo que hace todo el mundo con los pringados.

-John. Eh, colega, mírame.- Blay se plantó justo delante de él, inclinándose en su dirección con las manos en las caderas.
Cuando los ojos azul oscuro al final se dignaron a mirarle, el pelirrojo
frunció el ceño-. Pasarás la transición. Te retorcerás de dolor como un jodido gusano en el anzuelo, como todos. Beberás de una hembra y, cuando te despiertes, Myke Tyson chillará de miedo al verte. Exactamente como todos ¿Estamos?- cuando John volvió a bajar la vista, se inclinó más hacia él- ¿Estamos o no?

Asintió simplemente para que Blay dejara de presionarle, se puso la chaqueta y se colgó el macuto de la espalda. Mierda, su cabeza sólo llegaba al hombro de sus amigos. Qhuinn lo enganchó del cuello con
un brazo que pesaba como un tronco mientras se giraba hacia su otro colega.

-¿Vamos a tu casa, Blay?

El pelirrojo asintió con una sonrisa resplandeciente de osito Teddy, como cada vez que estaba claro que a Qhuinn le gustaba pasar tiempo en su habitación.

-Dejemos a estos imbéciles con sus mierdas.- accedió- ¿John?

El chico volvió a asentir en silencio, aunque una parte de él sólo tenía ganas de meter la cabeza debajo de las sábanas e hibernar. Por alguna razón, recordó los interminables sermones en el orfanato católico donde había crecido. Allí te enseñaban que Dios castigaba a los niños que se portaban mal y bendecía a los que se portaban bien, previo paso por “pon la otra mejilla” y “los últimos serán los primeros”.

Mierda, él había recibido hostias en las dos mejillas todos los malditos días de su vida y llevaba el cartelito de “último” colgado del cuello. Hasta ahora, Dios no es que le hubiera bendecido demasiado.
Y cabrones abusadores como Rahg o Lash nunca, jamás, recibían su merecido.

O los vampiros escapaban de la jurisdicción de Dios o al tipo no se le daba demasiado bien lo de la justicia.

OOO

En el piso treinta del Commodore, Vishous recorrió con la yema de los dedos las pinzas dentadas y las pequeñas cuchillas dispuestas en un mueble metálico justo al lado de su mesa de dominación en el ático. Aquella noche iba a ser especial, lo presentía. La piel entera le ardía, la frustración era gasolina que alimentaba su furia. La mano y los ojos le brillaban y el aire a su alrededor estaba cargado con la electricidad estática de su monstruo gritando por ser liberado. Por dominar, controlar, someter y destrozar la mente de un esclavo como la vida hacía con la suya.


No había podido decidir que quería tener visiones y una mano como un lanzallamas que tenía que mantener apartada de todo el mundo. No había podido decidir que no quería reproducirse y que no hacía falta que intentaran castrarle, muchas gracias. No había podido decidir que quería dejar de tener visiones, ni que quería recuperarlas viendo su muerte y la de Butch. No había podido decidir desear a su mejor amigo ni había podido resistirse a besarle y a provocarle ese suspiro de alivio en la cocina cuando no había vuelto a hacerlo. No había podido decidir que quería tener que follarse a cuarenta Elegidas como regalo de cumpleaños de su madre. Y tampoco iba a poder salvar a Butch de su muerte a manos de la esencia del Omega.

Su vida era una orquesta sinfónica de “no había podido”.

Con una única excepción. Ahora. En su mesa. Con sus sumisas. Aquel era el único jodido momento en que su existencia se transformaba en un “puedo decidir” y “puedo hacer” lo que le saliera de los cojones. Algo que la hija de perra de su madre también iba a quitarle en unos pocos días.

Percibió la presencia de la hembra cuando se materializó en su terraza y se le erizó el vello de la nuca. El depredador ante su presa. Aquella hembra era la que se reservaba para momentos como éste, en los que la sesión iba a estar más cerca de la tortura que del sexo. Era la que más aguantaba y por Dios que iba a poner a prueba su resistencia hasta quebrarla. Sí, sentía cómo el aire crepitaba sobre su piel, cargado de electricidad. Los ojos blancos se desviaron a unas pinzas en concreto, diseñadas para morder los pezones de la sumisa. Unas pinzas dentadas conectadas a un cable…

Oh, sí, aquella iba a ser una sesión para recordar.

¿Me estás mirando, mami? Porque te garantizo que vas a disfrutar de todo un espectáculo.

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20 Re: Amantes Redimidos (+18) Hoy a las 11:05 pm

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